Si recuerda haber devorado alguna vez un gigantesco helado después de una discusión o haberse comido ansiosamente una bolsa de M&Ms la víspera de una fecha clave, entonces conoce usted perfectamente el poder calmante de los alimentos.
"Los dulces, los helados y otros hidratos de carbono producen un profundo efecto en la química del cerebro", explica Elizabeth Somer, nutricionista norteamericana y autora de El Libro de Cocina de la Alimentación y el estado de ánimo (Owl Books, 2004). "Estimulan la producción de neurotransmisores y otros compuestos biológicos que pueden provocar y aumentar la sensación de calma y satisfacción."