Coincidiendo con el Día Mundial de la Tapa y como uno de los actos destacados dentro del título de Capital Española de la Gastronomía que ostenta este año, Burgos consiguió ayer domingo el récord Guinness a la elaboración de la morcilla más larga del mundo. En realidad, se trata de dos récords en un intervalo […]

Coincidiendo con el Día Mundial de la Tapa y como uno de los actos destacados dentro del título de Capital Española de la Gastronomía que ostenta este año, Burgos consiguió ayer domingo el récord Guinness a la elaboración de la morcilla más larga del mundo.

En realidad, se trata de dos récords en un intervalo de apenas una hora: el primero se consiguió con la morcilla más larga del mundo sin cocer, que alcanzó los 187,2 metros de longitud, equivalente a la altura de las dos torres de su catedral. El segundo, con la morcilla cocida más larga del mundo, que finalmente alcanzó una longitud de 175 metros, 25 metros más del mínimo requerido por la organización Guinness.

El reto comenzaba a primera hora de la mañana, con la elaboración, completamente artesanal, de la masa de la morcilla y su posterior embuchado hasta conseguir los 187,2 metros en crudo. Posteriormente, y con la ayuda de un total de 400 voluntarios, la morcilla fue introduciéndose, para su cocción, en una olla de más de tres metros de diámetro activada por brasas de carbón.

Pasados noventa minutos y con la morcilla ya cocida, se procedía a su extracción, de nuevo con la colaboración de los voluntarios, y a la certificación por parte de un notario del record alcanzado: 175 metros, la morcilla cocida más larga del mundo.

Pero el éxito parece haber sabido a poco. El alcalde de Burgos, Javier Lacalle, anunciaba apenas conseguido el récord que se planteará superarlo en uno o dos años: “Debemos ser capaces de marcarnos un nuevo reto a futuro e intentar un nuevo récord que significará superarnos a nosotros mismos”, aseguraba Lacalle.

Las cifras del récord

En efecto, para conseguir el récord ha sido imprescindible la colaboración, por un lado de un grupo de expertos morcilleros de la Asociación de Fabricantes de Morcilla (Afamor), liderados por el empresario Roberto Da Silva, que además actuó como maestro de ceremonias durante el acto, el diseño de una olla especial de tres metros de diámetro por parte de la calderería Pierre Guerín y, sobre todo, la participación desinteresada de más de 400 voluntarios que debían mover la morcilla centímetro a centímetro para introducirla y sacarla del depósito en el que se cuece el embutido, cuyo peso en vacío es de 250 kilos.

Para la elaboración de la masa se utilizaron 130 kilos de la cebolla horcal, una variedad autóctona, 50 de arroz bahía extra, 40 de manteca de cerdo, 40 litros de sangre de cerdo, 7 kilos de especias y 3 de sal.

Después de que el notario diese fe de la longitud de la morcilla, se repartieron 4.200 pinchos entre los asistentes, que pagaron un euro por un pincho acompañado de cerveza o agua, cuyo importe total se destina a Cruz Roja y la asociación Aspanias, que atiende a personas con discapacidad intelectual.


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