Los gobiernos europeos van a votar sobre la autorización de tres variedades de maíz transgénico, una ocasión que Slow Food quiere que se aproveche para emitir un no rotundo a los OGM, respetando así la voluntad expresada repetidamente por los ciudadanos europeos.

El próximo 27 de marzo de 2017 los gobiernos europeos, reunidos en el Comité de Apelación, se pronunciarán, a nivel europeo, sobre la autorización de dos nuevas variedades de maíz GM —el Pioneer 1507 y el Syngenta Bt11— y la renovación del permiso para el MON 810.

En la votación del pasado 27 de enero no se alcanzó la mayoría absoluta necesaria para tomar una decisión definitiva sobre estas tres autorizaciones. En aquella ocasión, algunos de los países europeos que han prohibido el cultivo de OGM en sus territorios —Italia, Lituania y Países Bajos— votaron a favor de la autorización a nivel europeo.

Según la organización internacional Slow Food “no deja de ser una hipocresía prohibir los OGM en sus propios territorios y votar a favor de su autorización en el resto del territorio europeo. Los representantes de los países de la UE deberían reconocer de una vez por todas que los ciudadanos no quieren OGM en Europa, dejar de discutir sobre su eventual autorización y concentrarse, sin embargo, en la resolución de los verdaderos problemas del sistema alimentario europeo: la despoblación del campo, la desaparición de numerosísimas granjas agrícolas, la pérdida de biodiversidad alimentaria en los campos y en nuestras mesas, la contaminación del agua, el aire y el suelo a causa de la agricultura industrial, etcétera. Los OGM no son la respuesta a ninguno de estos problemas”.

Por lo tanto, Slow Food emite un llamamiento para que, en la próxima votación, prevista para el 27 de marzo, los gobiernos se alineen reiterando un no rotundo a los OGM, respetando así la voluntad expresada repetidamente por los ciudadanos europeos. Y es que, según el reglamento 2015/412 sobre el cultivo de OGM en Europa, una vez votada la eventual autorización de un producto GM a nivel europeo, cada uno de los estados es libre de autorizar, o desautorizar, su cultivo en su propio territorio. Si en la próxima votación los estados miembros autorizaran a nivel europeo los OGM, apaciguados por el hecho de que cada uno establece en su casa sus propias reglas, el resultado podría provocar numerosas nuevas solicitudes de autorización de OGM.

La posición de Slow Food sobre el maíz transgénico

Para reforzar este llamamiento a nuestros gobernantes, la organización ha recogido en un documento su posición oficial sobre los Organismos Genéticamente Modificados, analizando los problemas relacionados con el uso de estos cultivos en cuanto a la denegación del derecho a la alimentación, a los riesgos para el medio ambiente, a las preocupaciones por la salud de seres humanos y animales y al papel de la investigación. En este documento —que puede consultarse íntegramente en esta dirección— se especifica que, para Slow Food, los Organismos Genéticamente Modificados son “el punto final de un sistema agrícola, económico, también político, que concentra el poder cada vez más en manos de unos pocos, en beneficio de las grandes corporaciones y a expensas de las comunidades rurales y de los consumidores, del medio ambiente y de la biodiversidad”.

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Los gobiernos europeos votan sobre el maíz transgénico. Foto Slow Food
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Los gobiernos europeos van a votar sobre la autorización de tres variedades de maíz transgénico, una ocasión que Slow Food quiere que se aproveche para emitir un no rotundo a los OGM.
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