Dublín es una ciudad amable, muy hospitalaria, pero que parece no poder evitar recibirte con un frío y una lluvia continua característicos. De hecho, contaba irónicamente un divertido guía nativo que las invasiones nórdicas a la isla fracasaron no por el feroz empeño que pusieran los irlandeses en rechazarles, sino por el insistente y renuente […]

Dublín es una ciudad amable, muy hospitalaria, pero que parece no poder evitar recibirte con un frío y una lluvia continua característicos. De hecho, contaba irónicamente un divertido guía nativo que las invasiones nórdicas a la isla fracasaron no por el feroz empeño que pusieran los irlandeses en rechazarles, sino por el insistente y renuente mal tiempo, que hizo retroceder a los invasores jurando no volver jamás.

Un “defecto” que esta bella ciudad parece empeñarse en remediar hoy en día, ofreciendo a sus nuevos invasores, los innumerables turistas que la visitan, un conjunto de peculiares rincones arquitectónicos, infinitos recuerdos literarios, estatuas al aire libre, catedrales, parques y, sobre todo, maravillosas y calientes zonas de diversión, comida y copas.

Entre ellas destaca, sin duda, Temple Bar, una zona del centro de Dublín en la que se concentra la vida nocturna de la capital de Irlanda. Durante el siglo XVIII, la zona fue cobijo de delincuentes y centro de la mayoría de los  prostíbulos de la ciudad, pero con el tiempo, este ambiente fue cambiando, pasando a estar ocupado por artesanos de todo tipo, como impresores, relojeros, pintores, escritores, etc.

El barrio

Apero a partir de la Segunda Guerra Mundial, el barrio sufrió tal nivel de despoblación que el consistorio municipal pensó en tirarlo abajo y construir cocheras para el servicio municipal de autobuses.
La clase más progresista de Dublín reaccionó de forma inmediata a esta inaudita propuesta oficial, alquilando los viejos locales y almacenes para todo tipo de actividades artísticas. Estudios de grabación, tiendas de ropa, productoras de cine, librerías y pubs, sobre todo bares y restaurantes, surgieron en pocos años como de la nada, obligando a las autoridades a retirar la propuesta de derribo.

Hoy en día se concentran en Temple Bar visitantes de todo el mundo para disfrutar de multitud de locales comerciales variopintos, como el Thunder Road Café, el primer restaurante motero de Irlanda, locales de copas, grupos de música tocando en la calle y sobre todo, un ambiente joven y desenfadado que atrae a las personas más diversas sin ningún tipo de frontera.

Un paseo por la ciudad

Limitando con el río Liffey, con Dame Street y con la Catedral de Christchurch, Temple Bar se encuentra también a un paseo de la calle O´Connell, la arteria `principal de Dublín, donde se encuentra la legendaria estatua en bronce homenaje a James Joyce.

También a un paso está  la zona del Trinity College, la universidad fundada en el siglo XVI y por la que pasaron nombres como Oscar Wilde, Jonathan Swift y Samuel Beckett. James Joyce no, porque en aquel entonces los católicos no eran muy bienvenidos. Aunque sólo sea por su tradición, su extraño pavimento a base de tacos de madera incrustados en el suelo y sus hermosos edificios de los siglos XVIII y XIX contrastando con esculturas de aristas tan actuales como Henry Moore, ya merece la pena una visita.
 

Comer en Dublín

La cocina irlandesa se caracteriza, sin duda, por la calidad de sus productos básicos, como la mantequilla, los pescados, las carnes, patatas o legumbres, todos ellos productos muy habituales en  este país..

En Dublín en concreto hay platos tan típicos como el Bacon and cabbage, una especie de codillo de jamón acompañado con col, o el Coddle, elaborado con salchichas de carne de cerdo cocida, el Irish Stew, un guiso de cordero con vegetales, el Boxty, para nosotros un sencillo pastel de patata. En cuanto a pescados, además de los famosos Fish&Chips de sus vecinos ingleses, es muy habitual el Mussel, mejillones frescos con una crema de pescado aderezada con verduras y hierbas, o el salmón ahumado o a la brasa.

En Temple Bar, en concreto, es muy fácil encontrar una gran variedad de cocina internacional con  restaurantes italianos, tailandeses, japoneses, chinos e incluso españoles.

En cuanto a la bebida, Dublín es el hogar de la famosísima cerveza negra Guinness, además de un estupendo whisky y por supuesto, el internacionalmente conocido café irlandés (café, whisky, azúcar morena y nata montada).