La llegada de la Navidad acentúa las causas del síndrome del ‘comer emocional’. En algunos casos, la cena navideña, las reuniones familiares o con amigos, las cenas de empresa… resultan excesivas, y se da la paradoja de que el mecanismo para evitar el estrés asociado con algún tema familiar o laboral sea, precisamente, el típico atracón navideño.

El síndrome del ‘comer emocional’ consiste en utilizar la comida para distraer o anestesiar estados emocionales intensos. Algunas personas eligen el alcohol, el tabaco, las drogas o las compras compulsivas, buscando alivio. De todas formas, el regulador emocional más elegido sigue siendo comer, ya que es el que está más aceptado socialmente. Y esto tiene mucho que ver con los atracones navideños.

Al menos así lo aseguran desde Coaching Club, centro de terapias y coaching grupal, añadiendo que muchas de las personas que llegan a las consultas de en estas fechas tiene que ver con sus sensaciones de estrés a causa de la cercanía de las navidades y cómo alrededor de la comida se presentan historias muy diversas. Así, el estrés generado por los temas derivados de la Navidad y los actos sociales relacionados crean un aumento en el estrés que se ve reflejado en la comida y los hábitos de la alimentación.

“Es fundamental entender que el vínculo que establecemos con la comida no es otra cosa que nuestra forma de percibir el mundo en su totalidad. La comida es un vínculo, y como tal está cargado de cuestiones culturales, emocionales y sociales. ¿Qué pasa cuando utilizamos esta relación con la comida para suplir otras cuestiones? Por ejemplo, para tranquilizar una angustia, o la ansiedad ante alguna situación que nos excede, como sustituto de algo que sentimos que nos está faltando en la vida, un trabajo, una relación, la dificultad para sociabilizarnos adecuadamente, o simplemente para aceptar la etapa vital en la que nos encontramos…”, explica Verónica Rodríguez Orellana, directora y terapeuta de Coaching Club.

Atracones navideños. Las causas emocionales

Entre las causas emocionales que pueden llevarnos a comer en exceso y de forma automática —siempre según el criterio de Coaching Club— se podrían destacar:

Por estrés. Masticar supone un gasto de energía y al implicar una forma de desgarrar y triturar —actividad vinculada a la agresión— se transforma en una forma de reducir la ansiedad, forma rápida y pasajera, pero al alcance de cualquier persona.

Por tristeza. Algunas personas presentan un estado de ánimo muy bajo, sin entusiasmo para realizar tareas habituales, que notan cómo instintivamente aumenta su deseo de consumir chocolate, alimentos estimulantes, carne y otros productos ricos en proteínas e hidratos de carbono. Estos alimentos tienen en su composición química elementos que aumentan los niveles de serotonina, neurotransmisor que se encuentra disminuido cuando el ánimo está deprimido.

Por insatisfacción. Si tenemos en nuestro interior una sensación de vacío, intentamos llenarlo, y comer es una forma fácil de hacerlo. El hecho cierto es que la comida nos distrae y produce una sensación de bienestar breve y fugaz, un efecto pasajero, pero tras un cierto tiempo, pasado un rato, volvemos a sentirnos como antes.

Por carencia afectiva. Se trata de un intento de recrear episodios felices de la propia historia vinculados en general a la madre nutricia.

Como forma de castigo. Una manera de provocar el aislamiento por no sentirse merecedor/a de afecto. Generalmente se vincula a la culpa a algo que se hizo o se pensó, y se autocastiga engordando.

Por miedo. Como modo de protegerse dentro del cuerpo, miedo a dejar de ser niña/o, miedo a mostrarse deseada/o, miedo a tomar responsabilidades.

Por influencia de los seres queridos. El temor a la desnutrición o el mito que afirma que la gordura es sinónimo de salud.

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El síndrome del ‘comer emocional’ o el porqué de los atracones navideños
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La llegada de la Navidad acentúa las causas del síndrome del ‘comer emocional’. En algunos casos, la cena navideña, las reuniones familiares o con amigos, las cenas de empresa…
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