Hablar de Joan Roca es hablar del segundo mejor restaurante del mundo, El Celler de Can Roca y del trabajo conjunto y perfectamente coordinado de tres hermanos: Joan Roca, en su calidad de chef,  Josep al cargo de la sala como maitre y sumiller y Jordi que ejerce como chef de pastelería. Nacido en el […]

Hablar de Joan Roca es hablar del segundo mejor restaurante del mundo, El Celler de Can Roca y del trabajo conjunto y perfectamente coordinado de tres hermanos: Joan Roca, en su calidad de chef,  Josep al cargo de la sala como maitre y sumiller y Jordi que ejerce como chef de pastelería.

Nacido en el seno de una familia dedicada a la restauración que regentaba una sencilla y honesta casa de comida tradicional llamada Can Roca, los primeros recuerdos de Joan se localizan en esa antigua cocina, con su madre al frente y en toda una serie de fieles clientes que a diario disfrutaban de su popular cocina catalana.

Después de cursar estudios culinarios en Girona, Joan y sus dos hermanos abrieron en 1986 su propio restaurante, justo al lado del de sus padres, al que llamaron El Celler de Can Roca. Al principio, el restaurante estaba ubicado en un espacio estrecho, mal adaptado, en el que Joan apenas podía moverse en la cocina y con una decoración era modesta y muy sencilla. Finalmente, el local fue remodelado para adaptarse a la evolución de la cocina, que había dejado muy atrás la línea casera de sus orígenes para evolucionar hacia unas propuestas mucho más actuales y sofisticadas.

Un conjunto indisoluble

En el actual Celler, los tres hermanos forman un conjunto indisoluble en el que cada uno ejerce su propia área de especialización. Esta pasión conjunta de los hermanos Roca, junto con su dedicación y un servicio impecable y bien formado, ha llevado al El Celler de Can Roca a conseguir su tercera estrella Michelín el pasado año 2010 y la elección como segundo mejor restaurante del mundo según la actual Lista S.Pellegrino 2011.

Joan Roca mantiene de alguna forma la tradición, pero no se encuentra atrapado por ella, sino que por el contrario su éxito se basa en una especial atención al equilibrio, en la creación de platos que contienen dulces, salados y agrios, todo en armonía, sin ningún miedo para adoptar la tecnología más moderna, como por ejemplo usando el vacío para la creación de algunos de sus platos de autor, como el cochinillo ibérico.

Joan Roca y sus hermanos consideran la experiencia de comer como íntimamente ligada a los sentidos, no sólo al sabor, sino también a la vista, el oído, el tacto y el olfato. Los platos están finalizados a la perfección, como su ensalada de remolacha con arándanos, que refleja el propio paisaje de su jardín y es impresionante por su colorido y sencillez.

También los vinos y los postres

Pero también el maridaje de los vinos con su carta es un factor muy relevante. Joseph, como sumiller, dispone de un conocimiento casi enciclopédico de los vinos de todo el mundo. Muchos de los platos fueron creados como una colaboración entre los dos hermanos, donde Josep sacó las notas más destacadas de un vino y Joan trabajó para crear un plato que lo complementara.

Los postres, bajo la responsabilidad de Jordi, el hermano más pequeño, disponen también de un toque moderno y muy particular, en algunos casos incluso utilizando la deconstrucción de un perfume como base. Jordi logra entresacar y destacar las notas florales, de aromas famosos como el de Carolina Herrera, para después incorporarlos en sus creaciones.