El joven chef sueco Magnus Nilsson cocina y dirige un particular restaurante -Fäviken Magasinet- situado entre bosques, montañas, ríos y lagos, al norte de la provincia sueca de Jämtland, en el que tan solo sirve comidas –no cenas- para 12 comensales y de miércoles a sábado. Formado inicialmente en restaurantes de su propio país como […]

El joven chef sueco Magnus Nilsson cocina y dirige un particular restaurante -Fäviken Magasinet- situado entre bosques, montañas, ríos y lagos, al norte de la provincia sueca de Jämtland, en el que tan solo sirve comidas –no cenas- para 12 comensales y de miércoles a sábado.

Formado inicialmente en restaurantes de su propio país como el Kattegat Gastronomi & Logi y el original Pontus, en el Greenhouse de Estocolmo, Nilsson enseguida logró encaminarse hacia dos de las mejores ‘escuelas de cocina’ posibles hoy en día: los exquisitos restaurantes parisinos L’Arpège, del consagrado Alain Passard y L’Astrance, de los jóvenes genios Pascal Barbot y Christophe Rohat.

Tras estas enriquecedoras experiencias, Nilsson volvió a Suecia para abrir su propio negocio -Fäviken Magasinet- apoyado por dos socios, el director de Sala Johan Agrell y el empresario Patrik Brummer.

Un restaurante diferente, Integrado plenamente dentro de la llamada ‘Nueva Cocina Nórdica’, pero llevada a su forma más extrema, con una filosofía basada en la unidad familiar en sí misma, según la cual solo cocina y sirve los productos y alimentos que sean capaces de generar su propia finca agraria y ganadera o los escasos productores que conforman su vecindario.

Retorno a los orígenes

Magnus Nilsson ha creado un concepto que él llama ‘Rektún’ y se trata de “comida de verdad, del retorno a los orígenes y a la forma en que la cocina se hacía en el pasado, pero sin ser retrógrado ni olvidar el presente”.

Y realmente Nilsson es único en el modo en que cocina y presenta sus platos. Por ejemplo, cuando él mismo sierra una médula ósea el propio comedor, que luego sirve a los comensales acompañada de unos cubos de corazón crudo de vaca y flores de guisante sobre un pan rústico tostado y con sal. Puede sonar macabro, pero los sabores son tan puros y las texturas tan perfectas, que según sus múltiples admiradores, el resultado final “es una explosión de satisfacción para el paladar”.

El local sólo dispone de doce asientos en el comedor, ubicado en un pintoresco viejo granero. No existe carta ni alternativa de elegir algo diferente, tan solo un menú degustación que cambia con frecuencia, dependiendo de la temporada y los ingredientes disponibles para el día. Y es el propio Magnus Nilsson quien cocina igual para todos, simultáneamente, lo presenta y explica a los clientes él mismo.