Hace ya tres años que la crisis económica y sus inevitables consecuencias en los cambios de hábitos de los ciudadanos obligaron a un buen número de profesionales de la cocina británicos a agudizar su ingenio, para lograr salvar de algún modo la situación. Cuando comenzaron los problemas, muchos restaurantes londinenses se vieron obligados a cerrar […]
Hace ya tres años que la crisis económica y sus inevitables consecuencias en los cambios de hábitos de los ciudadanos obligaron a un buen número de profesionales de la cocina británicos a agudizar su ingenio, para lograr salvar de algún modo la situación.
Cuando comenzaron los problemas, muchos restaurantes londinenses se vieron obligados a cerrar sus puertas. Los clientes no salían a cenar con la misma frecuencia de antes y los que lo hacían parecían buscar algo diferente, algo que les alejara aunque fuera por un momento de la triste situación económica en que se encontraba el país.
En la jornada de ayer martes de Madrid Fusión, el cocinero Nuno Mendes, portugués educado en EE.UU. y establecido en Inglaterra, contaba en su ponencia su propia experiencia en este sentido, vivida en primera persona.
Aunque actualmente se encuentra al frente del exitoso restaurante ‘El Viajante’ (Londres), en 2008 Nuno pasó por la experiencia de quedarse sin trabajo. La salida más rápida y factible que encontró fue trasladar su oferta culinaria a su propia vivienda, transformando el salón de su casa en un improvisado establecimiento ‘The Loft Proyect’, al que los fines de semana asistían diferentes grupos de personas, muchas de ellas compartiendo mesa con desconocidos.
La experiencia funcionó perfectamente: 15 personas que no se conocen compartiendo no solo mesa, sino el placer por la gastronomía y las propuestas diferentes.
Soluciones imaginativas
A su vez, otros cocineros en la misma situación fueron encontrando diferentes soluciones: un viejo autobús convertido en restaurante por una semana, que iba cambiando de barrio, un local cerrado hace años que sus dueños accedían a cederlo por unos días, un permiso especial de las autoridades para situar unas mesas y una cocina portátil en algún lugar emblemático de la ciudad…
Habían nacido los llamados restaurantes Pop-Up o restaurantes efímeros: unos establecimientos con vida limitada. “Un espacio efímero para una propuesta eterna”, en palabras de Nuno Mendes, que han servido para que en estos tres años difíciles, algunos chefs hayan logrado dar a conocer su línea de cocina sin necesidad de realizar una gran inversión y, sobre todo, para que muchos clientes hayan vivido una experiencia diferente, más asequible que un restaurante tradicional, que además les ha permitido compartir de forma más cercana su afición a la gastronomía con otros comensales hasta entonces desconocidos.

