La manzana es fuente de salud, como dice la sabiduría popular, pero también como demuestran multitud de estudios científicos y médicos. Uno de sus componentes menos populares es el boro, un mineral poco conocido, pero con excelentes propiedades para el organismo.

Tras participar y dirigir numerosos estudios, el investigador FH Nielsen, del  Departamento de Estado de Agricultura del gobierno de los Estados Unidos, afirma en su libro Update on human health effects of boron (2014, Journal of Trace Elements  in Medice and Biology) que el boro “afecta beneficiosamente el crecimiento óseo y la función del sistema nervioso central, alivia los síntomas artríticos, facilita la acción hormonal y se asocia con un riesgo reducido para algunos tipos de cáncer”.

La Asociación de Productores Hortofrutícolas de Val Venosta (VI.P) recuerda que el boro está presente en frutas como la manzana, las fresas o las ciruelas, entre otras. También en verduras como la lechuga, la col, el apio o la remolacha. Y en frutos secos como las pasas, almendras o nueces, por ejemplo. Otros alimentos con aportes significativos son la soja o la miel.

Esta sustancia llega al organismo, principalmente, en la forma de ácido bórico. Un mineral que solo se puede encontrar de manera natural en las plantas y cuya dosis varía según el método de cultivo que haya tenido el alimento. Sus propiedades beneficiosas son muy variadas. El boro produce las enzimas digestivas necesarias para asimilar el calcio, el  magnesio y fósforo, además de estimular la producción y aprovechamiento de la vitamina D, de ahí su papel protector del sistema óseo, por lo que está especialmente indicado en la prevención y tratamiento de dolencias como la artrosis o la osteoporosis.

En este sentido, VI.P recuerda que es importante revisar nuestra despensa para que no falten los alimentos que cuyo aporte nutricional intervenga en la secreción y absorción de sustancias capaces de mejorar la densidad de los huesos, como son el calcio, la vitamina D, el boro o los estrógenos. Y lo mejor es combinarlos en recetas sencillas, fáciles de preparar, que puedan integrarse en nuestros hábitos alimenticios. Un ejemplo sería este Miniquiche de Manzana Val Venosta, cebolla y  queso gratinado , que lo mismo puede tomarse como tentempié que como entrante en las comidas o cenas.

Miniquiche de manzana, cebolla y  queso gratinado

INGREDIENTES

  • 300 gr de queso (al gusto: gorgonzola, cabrales, manchego…)
  • 1 limón
  • 2 Manzanas Val Venosta
  • 2 cebollas blancas
  • 230 gr de hojaldre
  • 3 cucharaditas de queso rallado
  • 1 cucharada de aceite de oliva y una de agua
  • Un pellizco de pimienta y otro de tomillo
  • Agua y sal

ELABORACIÓN

Pelar las Manzanas Val Venosta, cortarlas en gajos y rociarlas con el jugo de limón para evitar que se oxiden.

Reblandecerlas sumergiéndolas en agua salada, secar y añadir pimienta al gusto. Cortar en juliana fina las cebollas y untarlas con poco de aceite de oliva y agua para reblandecerlas.

Rallar el queso.

Distribuir el hojaldre en fuentes individuales dejando que sobresalga un poco por los bordes y pincharlo con un tenedor para hacer agujeritos. Rellenar con el queso, los gajos de manzanas y la cebolla. Espolvorear con tomillo fresco y pimienta.

Doblar la masa sobresaliente hacia el interior y pellizcar ligeramente con los dedos para decorar.

Meter durante 20 minutos en el horno precalentado a 200 grados y dejar enfriar unos minutos antes de servir.

Presentación:  colocar en un plato la quiche recién sacada del horno y decorar con un toque de tomillo

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