Cada día vemos, compramos y consumimos un buen número de productos que forman parte ya de nuestro entorno personal, que nos resultan naturalmente familiares y cercanos. Sin embargo, no siempre conocemos el verdadero origen del producto o de su nombre, que en ocasiones se remonta a épocas muy lejanas. Como, por ejemplo, el de las conservas de alimentos.

Las primeras conservas se desarrollaron coincidiendo con las guerras napoleónicas, al inicio del siglo XIX, cuando el ejército francés, bajo el mando del emperador Napoleón I Bonaparte, decidió buscar un método que le permitiera conservar los alimentos destinados a las tropas en el frente de forma duradera.

Una vez lanzado el reto, fue Nicolás Appert, un confitero francés, quien ya alrededor de 1795 había comenzado a probar un método para conservar alimentos en frascos de cristal al descubrir que el calor podía conservar alimentos dentro de recipientes herméticos. Appert demostró que introduciendo el alimento en un frasco, sellándolo herméticamente con corcho y cera, y luego sometiéndolo a calor en agua hirviendo, este proceso esterilizaba los alimentos y garantizaba la conservación al evitar la entrada de microorganismos.

Poco más tarde, en 1810, el comerciante inglés Peter Durand patentó el envasado de alimentos latas de hojalata —lámina de acero o hierro recubierta de estaño para proteger el metal de la oxidación—, lo que facilitó el envío de alimentos a larga distancia, como era el caso de los desplazamientos militares. De este modo, en 1820 Durand ya suministraba alimentos enlatados a la Marina Real británica en grandes cantidades.

Pero, según la publicación Historia National Geographic, las primeras latas eran muy pesadas y difíciles de abrir. De hecho, las instrucciones de un fabricante indicaban: «Para abrir las latas córtese alrededor de la parte superior con escoplo y martillo». Y no fue hasta la década de 1850, cuando la mecanización permitió hacer latas más ligeras, cuando se inventaron los primeros abrelatas de uso más sencillo. En 1870 el inventor estadounidense William Lyman desarrolló el abrelatas de rueda cortante, lo que impulsó el consumo de las latas de conserva por parte de los particulares.

Con el tiempo se fueron desarrollando métodos más sofisticados, como la olla a presión y el autoclave, para una esterilización más completa. La industria conservera tomó un gran impulso durante las dos Guerras Mundiales del pasado siglo XX, y se extendió a los hogares, convirtiéndose en un producto común en las despensas de todo el mundo.

Las conservas en España

En el caso de España, las conservas llegaron fortuitamente en 1850 al naufragar en nuestras costas un barco francés cargado de conservas de sardinas.

En 1904 se constituyó la Unión de Fabricantes de Conservas de la Ría de Vigo —actualmente ANFACO-CECOPESCA, que representa a los fabricantes de conservas de pescado y marisco en España—, institución que marcó el inicio de la asociación empresarial en España.

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El origen de un producto, las conservas
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El origen de un producto, las conservas
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Cada día vemos, compramos y consumimos un buen número de productos que forman parte ya de nuestro entorno personal, que nos resultan naturalmente familiares y cercanos. Sin embargo, no siempre conocemos su verdadero origen.
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