En la comarca barcelonesa de Osona, tierra de reconocidos cocineros, y en toda Catalunya, ya se puede degustar El Voltreguí, una antigua receta milenaria de la época de los romanos ahora recuperada, un postre elaborado en forma de pasta redonda hecha con almendra, huevo, harina y azúcar. Recuperada por encargo de la Asociación Sociocultural del […]
En la comarca barcelonesa de Osona, tierra de reconocidos cocineros, y en toda Catalunya, ya se puede degustar El Voltreguí, una antigua receta milenaria de la época de los romanos ahora recuperada, un postre elaborado en forma de pasta redonda hecha con almendra, huevo, harina y azúcar.
Recuperada por encargo de la Asociación Sociocultural del Voltreganès “Qué s’hi pot Fer”, la nueva elaboración ha corrido a cargo de Francesc Altarriba y su Taller Gastronómico del Pan Bonblat de Manlleu.
Comarca gastronómica, proyecto solidario
Además de aportar al mercado del dulce un producto diferente y nuevo, el Voltreguí viene acompañado de un valor añadido de marcado carácter solidario: de la venta de cada unidad, se destinará una cantidad a la recaudación de un fondo para la Asociación Sociocultural del Voltreganès (ASV), una entidad sin ánimo de lucro que trabaja a favor de la conservación del patrimonio histórico de una zona con gran tradición gastronómica.
En concreto, Francesc Altarriba cederá un porcentaje en concepto de Responsabilidad Social Corporativa, como contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental que aplica desde hace años por parte de su grupo de empresas. ASV y Francesc Altarriba han firmado un acuerdo de colaboración para crear, en primer lugar, y seguidamente para llevar a cabo una serie de acciones que promocionen el Voltreguí, de modo que los beneficios de su comercialización reviertan en la zona.
El origen milenario del Voltregui
Los responsables de la Asociación Sociocultural del Voltreganès aseguran que el origen del Voltreguí se encuentra en la época en que las legiones romanas dominaban el mundo y su preocupación era la vigilancia de los nuevos territorios conquistados.
La llanura de Vic era vigilada desde las zonas altas con la ayuda de los “vertragus”, perros galgos procedentes de Persia, animales ligeros y feroces pero muy fieles e inteligentes que eran criados
y adiestrados para esta finalidad.
La presencia de dichos cánidos dejaron el nombre de Voltreganès (o tierra de vertragus) al espacio donde se levantan las poblaciones de Les Masies, Sant Hipòlit y Santa Cecília de Voltregà, y de los romanos se traspasaron bilateralmente costumbres, comidas y sabores que, como el de estos postres, todavía hay entidades locales que trabajan por reconquistar.
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