Es probablemente la ciudad con mejor clima -dentro de lo que cabe- de Inglaterra, lo que le ha convertido desde siempre en un destino turístico clásico, al estilo de ciudades como San Sebastián, Santander o Niza. Largos paseos marítimos con imponentes edificios, elegantes terrazas repletas de clientes a cualquier hora, vistosas balaustradas blancas separando peatones […]

Es probablemente la ciudad con mejor clima -dentro de lo que cabe- de Inglaterra, lo que le ha convertido desde siempre en un destino turístico clásico, al estilo de ciudades como San Sebastián, Santander o Niza.

Largos paseos marítimos con imponentes edificios, elegantes terrazas repletas de clientes a cualquier hora, vistosas balaustradas blancas separando peatones de bañistas y cómodos bancos de madera. Cerrando el panorama marítimo, un curioso y llamativo muelle, el Brighton Pier, visible desde toda la playa, con atracciones mecánicas, incluyendo dos montañas rusas, juegos para niños y variados pubs y restaurantes.

El interior de Brighton sigue también de alguna forma el esquema tradicional de ciudad inglesa. Por una parte, con sus ordenadas hileras interminables de edificaciones victorianas y por otra, de villa turística clásica con varias zonas -las South y North Lanes- de estrechas calles y sinuoso trazado para uso peatonal, llenas de restaurantes, pubs y tiendas por donde pasear tranquilamente dedicando el día al shopping y el atardecer a las inevitables pints o half pints de las variadas y opinables cervezas británicas.

Como una aparición

Y junto a este escenario claramente british-touristic, entre la playa y la verde campiña, surge, como por aparición – contrastando absolutamente con la imagen de Brighton- un delirante palacio, el Royal Pavilion, construido en un estilo marcadamente hindú a imagen y semejanza del Taj Majal y rodeado de hermosos jardines.

Para completar el exótico panorama, el diseño interior está fuertemente influido por los estilos chinoiserie y mogul, con una decoración abarrotada de llamativos elementos asimétricos lacados, porcelanas, conjuntos de té, etc.

El palacio fue pensado como residencia real, un retiro a orillas del mar para el entonces Príncipe Regente, quien más tarde sería Jorge IV (1762-1830). Un sitio “discreto” en el que, alejado de la corte,  el príncipe pudiera tener relaciones con su primera mujer, María Ana Fitzherbert, con la que se había casado en un matrimonio ilícito, pues ella era católica. No existe constancia documental de lo que Jorge IV entendía por “discreto”, pero el resultado está ahí: el delirante Royal Pavilion, en Brighton.

Comer en Brighton

La hora más habitual de la comida en Brighton, como en toda Inglaterra, suele ser entre las 11:30 y las 14:30 h.  El horario de las cenas, entre las 17,30 y las 22,00 h.  Dado su carácter de ciudad turística, la mayoría de los restaurantes y pubs disponen de menús con precios reducidos bastante asequibles.

Por lo general el menu de medio día no variará mucho del de la cena. En muchos establecimientos  se ofrecen platos tradicionales de Brighton y sus alrededores, entre los que destacan por ejemplo las empanadas de riñones, el famoso Roast Beef inglés, la carne con patatas, los “faggots”, carnes asadas, pescados fritos con patatas fritas (Fish&Chips) y como postres puddings y pancakes, entre otros.

Despues de una buena comida, nada mejor que disfrutar de un te o un café sentado en algunas de las concurridas terrazas del centro o el paseo marítimo, muchas de ellas con vistas al mar.