Una empresa conservera artesana de Santoña, Conservas Blasán ha recuperado una antigua tradición de las tascas de esta localidad cántabra: el ‘octavillo’ de anchoa, una lata especial con la cantidad justa de este producto, que se servía como ración individual con vinos de la región. El formato de octavillo se ha mantenido en salazón a […]

Una empresa conservera artesana de Santoña, Conservas Blasán ha recuperado una antigua tradición de las tascas de esta localidad cántabra: el ‘octavillo’ de anchoa, una lata especial con la cantidad justa de este producto, que se servía como ración individual con vinos de la región.

El formato de octavillo se ha mantenido en salazón a lo largo de seis meses en salazón, tiene un precio especial de 3 euros y será presentado en la XXV Feria de la Conserva de Candás, ubicada en la explanada del puerto de la villa asturiana hasta el domingo 13 de julio.

Anchoa y Cantábrico

La historia de la anchoa en el Cantábrico español se remonta a finales del siglo XIX con la llegada de los salazoneros italianos necesitados de materia prima al faltar la pesca en sus aguas. Fue hacia 1880 cuando se comenzaron a instalar fábricas y en mayor número en el primer tercio del siglo XX.

Aunque algunos de estos sicilianos se dedicaron también a las conservas, su mayor esfuerzo se dirigió hacia el salazón de la anchoa que hasta entonces tenía escasa aplicación en la industria conservera siendo su destino principal el consumo en fresco. A partir de entonces iba a ser la especie más solicitada y a la que la flota iba a dedicar un gran esfuerzo para conseguir mayores capturas.

 

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