Situémonos en el Madrid de 1725, en el entonces principal enclave comercial de la Villa, compuesto por el eje de la Ribera de Curtidores, la Plaza de Herradores y Arco y calle Cuchilleros, donde se habían instalado los más destacados artesanos: herradores, cuchilleros, latoneros, curtidores, zapateros…

Un conjunto de atiborradas y caóticas calles que para mejor localización tuvieron que adoptar el nombre de los oficios que en ellas se ejercían. A este histórico entorno llegó ese año un cocinero francés llamado Jean Botín, junto con su esposa de origen asturiano, con la intención de trabajar para algún noble de la Corte de los Austrias.

Tras diversos intentos y aventuras, finalmente optó por establecerse por su cuenta, abriendo una pequeña posada en la mismísima calle de Cuchilleros, en el número 17, para lo que tuvo que realizar una importante reforma de la planta baja del edificio, que trajo como consecuencia el cerramiento de los hasta entonces existentes soportales, una obra de la que ha quedado constancia en una piedra de la entrada, en la que figura la fecha.

De esos mismos años procede también el horno de leña de la casa, que aún hoy en día sigue atrayendo a miles de clientes con sus peculiares y tentadores olores.

Pasado el tiempo, el matrimonio Botín murió sin descendencia y se hizo cargo del negocio un sobrino de la esposa de Botín -Candido Remis- pasando el local a llamarse desde entonces “Sobrinos de Botín”, que hasta el siglo XX se definía como Casa de Comidas, ya que en aquellos tiempos el término restaurante sólo lo utilizaban algunos establecimientos, muy pocos y exclusivos, en un intento de imitar a los afamados locales parisinos.

Un joven Goya de ‘friegaplatos’

Como anécdota curiosa, cuenta el Libro Guinness de los Records en su edición de 1987, que un joven llamado Francisco de Goya, allá por 1765, trabajó como ‘friegaplatos’ en Botín. En esta misma edición se le designa como el restaurante más antiguo del mundo, dato que hasta hoy en día no ha sido rectificado.

Y como tal, es lógico que por él hayan desfilado todo tipo de famosos y personalidades, incluido, como no, el omnipresente Ernest Hemingway, del que existen placas acreditativas de su presencia en tal cantidad de establecimientos de la zona, que un pequeño restaurante mejicano, vecino de Botín, ha llegado a colgar un cartel en su fachada, en el que asegura que “Hemingway nunca estuvo aquí”.

Objeto de múltiples citas literarias

Otros muchos escritores no solo pasaron por Botín, sino que le dedicaron extensas y detalladas citas en sus obras. Autores españoles como Benito Pérez Galdós, que lo describe en ‘Fortunata y Jacinta’, ‘Misericordia’ y ‘Torquemada y San Pedro’, Indalecio Prieto en su libro ‘Mi  Vida’, escrito en 1965 ya en su exilio mexicano, Ramón Gómez de la Serna, en sus famosas ‘Greguerías’ o Carlos Arniches en el sainete lírico ‘La Fiesta de San Antón’. Y en lengua inglesa, además del mencionado Hemingway hablan de Botín, entre otros, nombres tan reconocidos como John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Graham Greene, o Frederick Forsyth.

Resumen
Botín, el restaurante más antiguo del mundo
Título
Botín, el restaurante más antiguo del mundo
Descripción
Según el Libro Guinness de los Records Madrid cuenta con el restaurante más antiguo del mundo, ‘Botín’, en la céntrica e histórica calle Cuchilleros.
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