Corría el año 1902 cuando dos visionarios emprendedores, Joseph Horn y Frank Hardart, decidieron abrir el primer restaurante de la que llegaría a ser la primera cadena de comida rápida en Estados Unidos, Automat, un establecimiento situado en el 818 Chestnut St. de la ciudad de Filadelfia. Un lugar algo extraño para la época, ya […]

Corría el año 1902 cuando dos visionarios emprendedores, Joseph Horn y Frank Hardart, decidieron abrir el primer restaurante de la que llegaría a ser la primera cadena de comida rápida en Estados Unidos, Automat, un establecimiento situado en el 818 Chestnut St. de la ciudad de Filadelfia. Un lugar algo extraño para la época, ya que no disponía de mesas ni de camareros para atender, sino que únicamente ofrecía una barra con 15 taburetes para que los clientes pudieran acomodarse.

Era la primera ocasión en que los clientes de un restaurante se servían por sí mismos, introduciendo unas monedas en una ranura, girando un pomo que abría una pequeña ventana de cristal y retirando un plato de comida, a su temperatura adecuada y generalmente envuelto en un papel encerado, que posteriormente consumían en la barra.

Detrás de las ventanas se escondía en realidad una verdadera cocina tradicional, donde varios empleados preparaban los platos, casi al momento y durante todo el día, en función de la demanda que hubiera de cada uno de ellos. Horn y Hardart habían importado, desde Berlín, un equipamiento de patente sueca que ya entonces se autodefinía como un “restaurante sin esperas”.

La idea, desde luego, era innovadora y atractiva en sí misma, pero además, el establecimiento tenía dos características importantes que lo convirtieron en todo un éxito y ayudaron a lanzar el concepto de comida rápida por todo el país: los platos eran baratos y sobre todo el “servicio” era rápido. En 1912, la compañía comenzó su expansión a Nueva York, donde el primer establecimiento se inauguró nada menos que en Times Square, llegando a disponer de 85 locales entre esta ciudad y la sede inicial, Filadelfia.

Conservado en el Smithsonian

Finalmente la cadena sucumbió en 2005, debido a varios factores como el continuo y permanente incremento del precio de los ingredientes básicos para sus recetas originales, los cambios en los gustos de los consumidores y sobre todo la tremenda popularidad de nuevas cadenas de comida rápida como McDonald’s o Burguer King o los más que populares establecimientos chinos y pizzerías que sirven comida a domicilio.

Pero aunque ya no existe como tal empresa comercial, Automat, sin embargo, ha sobrevivido como una reliquia en el Museo Nacional Smithsonian de Historia Americana, donde se haya expuesta una sección completa del primer establecimiento abierto en 1902, una pieza de 11 metros de longitud con sus maquinarias, espejos, marquetería y mármoles originales. 

Barato, rápido y además… de moda

A diferencia de los ‘fast food’ de hoy en día, cuya función principal es, en la mayoría de los casos, comer rápidamente y de paso, Automat estaba considerado como un lugar atractivo y socialmente aceptable para estar y ser visto. 

Por un lado, durante los tiempos difíciles de la ‘Gran Depresión’, la alternativa se convirtió en una atractiva propuesta de valor, ya que los clientes podían disfrutar de un estupendo plato de judías o macarrones con queso por tan sólo unas pocas monedas de cinco centavos. Pero además, la experiencia de comer en uno de estos locales se encontraba amparada por la sensación de estar haciéndolo en un establecimiento “de vanguardia”, una fórmula nunca vista hasta entonces. 

Por otro lado, la carta, en general, estaba elaborada muy al gusto norteamericano de entonces: los famosos macarrones con queso, empanada de carne de pollo, filete tipo Salisbury con puré, espinacas a la crema o alubias cocidas en salsa de tomate. Los postres resultaban también muy familiares: tartas y cremas de arándano, calabaza o coco, y helado de vainilla o arroz con leche y pasas.

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