Cada día vemos, compramos y consumimos un buen número de productos, o probamos platos que forman parte ya de nuestro entorno personal, que nos resultan naturalmente familiares y cercanos. Sin embargo, no siempre conocemos el verdadero origen del producto o de su nombre, que en ocasiones se remonta a épocas muy lejanas.
Como, por ejemplo, el de la ensaladilla rusa, un plato del que cada 14 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Ensaladilla, una elaboración sencilla, sin pretensiones gourmets, pero que ha logrado estar presente en prácticamente la totalidad de bares de tapeo de España, y en las cartas de muchos restaurantes.
Historia de la ensaladilla
Sin embargo, a pesar de esta posición actual como plato o tapa popular, curiosamente la ensaladilla rusa tiene un origen aristocrático como plato de lujo, y fuertes controversias sobre su autoría.
El origen más aceptado es en el siglo XIX y en el restaurante Hermitage de Moscú, uno de los más prestigiosos del momento, de la mano del chef belga Lucien Olivier, que dirigía este prestigioso establecimiento, y quien entre 1860 y 1865 elaboró un plato llamado Salade Olivier, que rápidamente se convirtió en el emblema del restaurante. Una receta muy sofisticada — con ingredientes como urogallo, perdiz o pollo, lengua de ternera, caviar, pepinillos, alcaparras, patatas cocidas, huevos, una salsa secreta similar a una mayonesa muy fina (de la que nunca reveló la fórmula), gelatina o aspic en algunas versiones…—, una elaboración muy distinta de la versión actual de la que, además, se ha perdido la receta exacta.
A partir de este éxito, varios ayudantes del chef intentaron copiar la receta y algunos la vendieron después a otros restaurantes, que comenzaron a preparar versiones más sencillas y con ingredientes menos lujosos, a las que se llamó Stolichny Salad (ensalada capital), que se extendieron por Rusia. A finales del siglo XIX y principios del XX, la receta ya se había extendido por Europa, y algunos países como Francia, Alemania, Italia y España comenzaron a elaborar sus propias versiones , adaptadas a los gustos e ingredientes locales.
En el caso de España, el plato llegó en el siglo XIX, pero se popularizó sobre todo en el primer tercio del siglo XX, con el nombre de ensaladilla rusa, aunque durante la dictadura franquista en algunos contextos se intentó evitar referencias a Rusia y se la llamó: ensaladilla nacional o ensaladilla imperial, pero la denominación original reapareció pronto y se consolidó definitivamente.
La receta española actual está elaborada con ingredientes como patata cocida, zanahoria, guisantes, atún o bonito, huevo duro, pepinillos o aceitunas y mayonesa, aunque dependiendo de la región o gustos particulares se añaden otros como pimiento, gambas, manzana… o se modifica la técnica, como la patata machacada más fina en el caso de Andalucía.


