Son trabajos manuales o artesanales que se aprenden principalmente a través de la práctica y la experiencia, transmitidos de generación en generación y aprendidos a base de observación y de imitación de habilidades prácticas del maestro que lo trabaja.
En España, a pesar de la industrialización y los avances tecnológicos impulsados en los últimos años, muchos oficios y profesiones tradicionales relacionados con productos de alimentación, la comida y el vino se mantienen vivos, a menudo valorados por su calidad artesanal, su conexión con el territorio y su respeto por las técnicas ancestrales, contribuyendo no solo a la economía local y a la diversidad de productos, sino también a preservar un patrimonio cultural y gastronómico muy valioso. Como, por ejemplo, el de tonelero/a, artesanos que fabrican, reparan y mantienen las barricas de madera para la crianza y evolución del vino en una bodega.
Origen e historia del oficio de tonelero/a
El oficio de tonelero (o cooper, en inglés) es uno de los más antiguos y esenciales en la historia del comercio mundial, que se originó por la necesidad de crear recipientes resistentes, fáciles de mover y capaces de contener líquidos y sólidos para su traslado a otros destinos.
Aunque ya en el 2690 a.C., en el antiguo Egipto, existen indicios de recipientes de madera, se trataba de estructuras rectas y rudimentarias cuya misión era medir el grano. El barril moderno tal y como lo consideramos en la actualidad, con forma abombada y duelas —los listones de madera que forman el barril— fue inventado y desarrollado por los celtas y galos del centro de Europa, que aplicaron sus conocimientos de construcción de barcos, calentando la madera de roble para doblarla y darle forma.
Y fue al conquistar la Galia cuando los romanos descubrieron que los barriles eran mejores y más prácticos que las ánforas de barro que hasta entonces usaban ellos: eran menos frágiles, pesaban menos y se podían rodar, facilitando enormemente la logística militar y comercial. como aportación, los romanos introdujeron los aros de hierro para sustituir a los de mimbre, aumentando la durabilidad de los barriles.
Durante la Edad Media, el oficio se profesionalizó y se organizó en gremios con estrictas reglas de aprendizaje que duraban años y, aparte de su utilización para el transporte y almacenaje, los barriles ganaron un nuevo uso cuando en los monasterios los monjes descubrieron que el vino no solo se conservaba en toneles, sino que mejoraba con el tiempo. Este salto cualitativo en el vino hizo que los reyes y señores feudales tuvieran sus propios toneleros personales, un cargo de gran prestigio, que podría considerarse similar al de un sumiller actual.
Enseguida el tonel se convirtió en el ‘estándar de carga’ universal para transportar de todo, desde vino y aceite hasta pólvora, harina o salazones a lo largo del mundo. En el siglo XVIII, el oficio era vital en puertos comerciales como el de Jerez de la Frontera. En esta línea, en 1836 se estandarizó en la ciudad francesa de Burdeos la llamada barrica bordelesa, de 225 litros, diseñada para que un solo hombre pudiera manejarla con facilidad. La industrialización trajo máquinas de vapor que aceleraron la producción, aunque la selección de la madera siguió siendo un arte manual.
Actualmente, el tonelero ya no fabrica recipientes para transporte, que han sido sustituidos por el acero y plástico, sino herramientas para aportar calidad y sabor al vino a través de la microoxigenación y los aromas. Y aunque se trata de un oficio en riesgo de extinción, sobrevive en regiones vinícolas y de destilados como el whisky o el coñac, en las que la mano del artesano sigue siendo insustituible para el curado y tostado del roble.
INFORMACIÓN DE SÍNTESIS
El oficio de tonelero es una labor artesanal ancestral dedicada a fabricar y reparar barricas para la crianza del vino. Aunque en Egipto existían recipientes rudimentarios para grano, el barril moderno —abombado y con duelas— fue inventado por los celtas. Los romanos perfeccionaron su técnica al introducir aros de hierro, sustituyendo a las frágiles ánforas de barro. Durante la Edad Media, el oficio se profesionalizó en gremios y se descubrió que la madera no solo almacenaba el vino, sino que mejoraba notablemente su calidad.


