Las labores de pesca artesana en las costas de la España mediterránea han sido tradicionalmente muy parecidas a las que se llevaban a cabo en otros lugares de este mismo mar, generalmente con solo dos o tres hombres por barco y con aparejo latino pequeño. Inicialmente no existía la costumbre de cocinar a bordo del […]
Las labores de pesca artesana en las costas de la España mediterránea han sido tradicionalmente muy parecidas a las que se llevaban a cabo en otros lugares de este mismo mar, generalmente con solo dos o tres hombres por barco y con aparejo latino pequeño. Inicialmente no existía la costumbre de cocinar a bordo del barco, ya que por sus características, no era habitual que las naves se alejaran demasiado de los puertos.
Pero a medida que los barcos se fueron haciendo más seguros, fueron a su vez alcanzando aguas más profundas y más alejadas de tierra, con viajes de mayor duración, de modo que se fue haciendo necesario alimentarse en ruta, generalmente haciendo uso de parte de los pescados que caían en la red.
La cocina de “buscarse la vida”
Esto dio lugar, con el tiempo, a platos muy peculiares, en los que se utilizaban las más variadas especies de pescados –sobre todo las que no tenían una buena salida en el mercado o de las que no se había pescado la suficiente cantidad como para después comercializarlos en tierra– acompañados de los escasos alimentos caseros que se cargaban en el barco, básicamente patatas, hortalizas y aceite de oliva.
Entre ellos y quizá como uno de los mejores ejemplos, está el llamado Caldero Murciano. Originalmente esta denominación se refería al propio utensilio de hierro que se usaba para cocinar en los barcos de pesca -al igual que el término paella, referido inicialmente a la cazuela en la que se cocinaba el arroz fue asimilado posteriormente al plato- pero con el tiempo pasó a definir la original receta preparada por los pescadores a bordo de sus barcos a lo largo de las costas de Valencia, Murcia y Andalucía, a base de raros y exquisitos pescados a los que se les añadía el complemento de cebollas, ajos, pimientos secos y aceite de oliva en lugar de la tradicional grasa de cerdo utilizada en el resto de países europeos.
Sorolla, el mejor testimonio de una época
La preparación del caldero murciano tradicional puede verse en el cuadro del pintor español del siglo XIX Joaquín Sorolla titulado “Almuerzo en el barco”, que se encuentra en la Real Academia de San Fernando en Madrid, en el que se representa a tres pescadores bajo las velas de su barco, situados alrededor del caldero, del que a su vez están comiendo tres niños pequeños, probablemente sus hijos.
El Caldero Murciano se come en dos cursos. Primero el arroz, por separado, que debe estar un poco blando, tipo risotto, con todos los sabores del pescado. Y de segundo el propio pescado, generalmente acompañado de una rica y artesana salsa alioli.

