En términos generales las frutas y hortalizas no son precisamente el bocado que más gusta a los niños. Además, cada pequeño es un mundo (igual que los adultos) y en este sentido, las recomendaciones que se hagan para aliviar el problema puede que no sean efectivas para todos los casos. Pero de cualquier modo, sí […]

En términos generales las frutas y hortalizas no son precisamente el bocado que más gusta a los niños. Además, cada pequeño es un mundo (igual que los adultos) y en este sentido, las recomendaciones que se hagan para aliviar el problema puede que no sean efectivas para todos los casos. Pero de cualquier modo, sí podemos hablar de una serie de pautas generales que contribuyen a facilitar esa necesaria labor de alimentación.

Lo primero a tener en cuenta que los beneficios que las frutas y las verduras aportan a la salud son innumerables y que los niños, en especial, necesitan de ellas. Están en una edad en que la nutrición es fundamental y estos alimentos juegan un papel primordial en su proceso de crecimiento.

Adelántese a su bebé. Los sabores de la dieta de la madre pasan al hijo durante el embarazo y a través de la leche materna. Diversos estudios han demostrado que cuando las madres comen frutas y vegetales de manera regular durante esos períodos, los bebés que nacen posteriormente están mejor dispuestos para aceptar ese tipo de alimentos.

Cuanto antes mejor. A partir de los 24 meses, los bebés empiezan a aceptar mejor las nuevas texturas y sabores, de modo que cuanto antes empiece a ofrecerle diferentes verduras y frutas, mejor. Si al principio no le va bien, la clave está en la repetición. Insista y verá cómo poco a poco al niño le irán gustando más.

Dé ejemplo. Los adultos somos una fuente de información para los niños, que copian todo lo que hacemos los mayores. Coma frutas y verduras en familia, de modo que ellos entiendan que no es solo un plato preparado especialmente para niños.

No disfrace los sabores. Procure darles las frutas y verduras de la forma más natural posible, sin añadirles otros sabores “para que se lo coma mejor”. Cuanto más pronto se acostumbren a sus verdaderos sabores, antes comenzarán a apreciarlos.

Utilice siempre productos de calidad. Evite que los niños pasen un mal rato con una fruta que no esté en su mejor momento o una verdura mal cocinada o fuera de época, una experiencia que recordarán por mucho tiempo y puede influirles negativamente. Por ejemplo, un brócoli pasado de cocción se vuelve amargo y dejará de gustar a un niño.

Planifique la misma comida para toda la familia. Siempre que sea posible y no haya un impedimento superior (problemas nutricionales regímenes, etc), haga el mismo menú para todos los miembros de la familia. Que los niños vean que comen lo mismo que los demás, aunque en menor cantidad.

Evite las comidas especiales para niños. Sobre todo las que llevan dibujos infantiles distintivos en sus envases, que solo les hará pensar que hay comidas especialmente previstas para ellos y les animará a rechazar la de los adultos.

Enséñeles y pídales que le ayuden. Si tiene en casa alguna pequeña huerta o simplemente plantas, enséñeles cómo se cuidan y crecen los vegetales. Cuando vaya a la compra, déjeles que sean ellos los que seleccionen las piezas de fruta y verdura. En la cocina, pídales que le ayuden a preparar estos platos. Todo ello contribuirá a que se vayan familiarizando con formas, colores, olores, etc.

Ni presione, ni premie. Procure que el hecho de comer estos alimentos sea lo más natural posible. Si les presiona en exceso, la siguiente vez los tomarán peor y si les ofrece algún premio por comérselos (por ejemplo un dulce), pensarán que es un plato malo, ya que lo bueno es el premio.