“Por desgracia, muchas empresas de alimentación y farmacéuticas no están teniendo en cuenta los millones de personas que dejamos de comprar sus productos sólo por ese aditivo, la lactosa, que podrían sustituir fácilmente por otro que no nos causara problemas”.

Así se expresa Juanjo Fernández en su libro Postres sin lactosa (Libros Cúpula, 2017), una obra en la que explica todos los detalles sobre la intolerancia a la lactosa y sus diferentes tipologías, qué productos no lácteos también hay que evitar, y cómo convivir con esta intolerancia. Además de ofrecer más de sesenta recetas explicadas detalladamente para que todo el mundo pueda elaborarlas en casa, desde básicos como mantequilla, queso fresco o incluso yogur griego, hasta postres y bollería y otros dulces más elaborados.

Productos que podrían contener lactosa

En este libro, el autor sostiene que, aunque uno no se lo espere, existen determinados productos que pueden contener lactosa, como es el caso de:

CARNE ENVASADA. Generalmente, casi todos los preparados cárnicos que vienen en bandejas como la carne picada, como las hamburguesas o incluso carnes nobles como el solomillo envasado, llevan lactosa como conservante.

EMBUTIDOS. Fiambres de cerdo, pavo o pollo, tanto loncheados como en tripa, como el jamón cocido, la pechuga, la mortadela, las salchichas, el salchichón, el chorizo, etcétera.

APERITIVOS. Patatas de bolsa y gusanitos —generalmente aquellos con sabores añadidos a queso, a jamón, a kétchup, etcétera—, o frutos secos con sabores especiales, como kikos, pipas, etcétera. El lactitol (E966) es un derivado de la lactosa que se usa como edulcorante en chicles sin azúcar, caramelos y muchos productos bajos en calorías.

GALLETAS. Casi todas las galletas —tipo María, hojaldradas, de sabores especiales, etcétera— llevan suero de leche, leche en polvo o lactosa como aditivo.

PANES. Generalmente suelen llevar lactosa los panes envasados como el especial para hamburguesas, el pan de molde, el preparado para perritos calientes, etcétera. También algunas barras de pan multicereales, baguettes o panes especiales, pueden llevar leche o derivados.

CALDOS. Utilizan la lactosa como aditivolos c aldos de carne, de pollo, de verduras y de pescado, especialmente los concentrados.

VINOS Y LICORES. Debemos tener precaución con las bebidas alcohólicas, puesto que en el proceso de destilado de algunas —ron, ginebra, whisky, anís, etcétera— hay empresas que usan derivados lácteos (lactosuero, etcétera) en su elaboración. También en el proceso de fermentación de vinos, sidras, etcétera, las bodegas los pueden usar como agente clarificante.

MEDICAMENTOS. Otro problema que nos encontramos es la dificultad de detectar todo tipo de medicamentos, sobre todo los comprimidos —antiinflamatorios, antibióticos, anticonceptivos, antidepresivos, etcétera— sin lactosa como excipiente para la conservación de sus propiedades. En este caso, lo suyo es pedir siempre, en la farmacia, que comprueben la lista de excipientes o leer uno mismo el prospecto con detenimiento. Sobres, jarabes y cápsulas es más probable que no lleven lactosa.

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Productos que, sin parecerlo, podrían contener lactosa
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Aunque uno no se lo espere, existen determinados productos que pueden contener lactosa, como es el caso de: carne envasada, embutidos, aperitivos, galletas, panes, caldos...
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