Las altas temperaturas nocturnas dificultan la conciliación del sueño y provocan que nos despertemos más frecuentemente. Y si a esto añadimos cenas pesadas o una hidratación concentrada al final del día, el descanso puede verse todavía más afectado.
Así lo aseguran desde la compañía de seguros médicos y servicios de salud, Sanitas, cuya nutricionista Natalia Galán, explica que “durante el verano conviene adelantar la cena y elegir preparaciones ligeras, con buena densidad nutricional y fáciles de digerir. En este marco, cabe priorizar alimentos ricos en agua y ligeros como tomate, calabacín o cremas frías, aunque también hay alimentos como el plátano o algunos frutos secos, que contienen nutrientes relacionados con la relajación muscular y la regulación del sueño, como el magnesio o el triptófano. En cambio, los fritos, las salsas pesadas o el picante contribuyen a digestiones más lentas o aumentar la sensación de calor”.
Dormir mejor en verano
Y para que el sueño en verano no se vea afectado, los expertos de Sanitas recomiendan una pautas para favorecer el descanso en las noches de calor:
Cenar temprano, dejando pasar al menos dos horas entre la última comida principal y el momento de acostarse disminuye la pesadez digestiva.
Evitar raciones excesivas, sobre todo cuando la temperatura nocturna es elevada.
Mantener una hidratación adecuada durante todo el día para evitar tomar cantidades excesivas de agua durante la cena o antes de dormir, ya que esto también puede favorecer los despertares nocturnos.
No llegar a la noche con hambre acumulada: en verano es habitual comer de forma más desordenada o saltarse alguna comida por el calor, lo que hace que la cena sea más abundante de lo necesario. Ante esta situación, es recomendable repartir la ingesta durante el día para que la noche no concentre todo el apetito.
Cuidar el exceso de sal: embutidos, aperitivos salados, quesos curados, conservas o platos preparados incrementan la sensación de sed y traen consigo un descanso más interrumpido. En su lugar, es preferible optar por alimentos frescos y aliños suaves
Evitar los postres muy azucarados por la noche: a pesar de que dulces típicos como los helados apetecen más en verano, tomarlos al final del día puede aumentar la sensación de pesadez. Una alternativa más adecuada sería la fruta madura o el yogur natural o incorporar sorbetes o helados caseros elaborados con ingredientes naturales mucho más saludables y digestivos.
Evitar estimulantes y alcohol por la tarde-noche: el café, algunas bebidas con cafeína y el alcohol alteran la calidad del sueño. De hecho, aunque el alcohol es posible que produzca somnolencia inicial, favorece un descanso más fragmentado y aumenta la deshidratación.
INFORMACIÓN DE SÍNTESIS
El calor nocturno del verano dificulta el sueño, un problema agravado por las cenas pesadas o la mala hidratación. Para solucionarlo, los expertos de Sanitas recomiendan adelantar la cena al menos dos horas antes de acostarse, eligiendo preparaciones ligeras y raciones moderadas. Es clave mantener una hidratación constante durante todo el día, repartir bien las comidas para no acumular hambre por la noche y reducir el exceso de sal. Optar por alimentos frescos y ricos en agua asegura un descanso óptimo.


