Los españoles consumimos mermelada principalmente en el desayuno, pero la falta de atención al etiquetado puede convertir esta opción en una fuente de ingredientes procesados.
Mientras muchos consideran la mermelada un hábito saludable porque contiene fruta, sin embargo puede convertirse en algo muy distinto, ya que en ocasiones se elaboran con una elevada cantidad de jarabes y aditivos artificiales.
Mermelada saludable o ultraprocesada
Por ello, desde Pazo de Vilane —empresa elaboradora de huevos camperos y mermeladas artesanales— han querido informar sobre cómo leer e interpretar correctamente el etiquetado de las mermeladas para evitar esta confusión e identificar la opción más saludable:
Los ‘azúcares’ en plural. Cuando los productos declaran en su etiquetado ‘azúcares’ en plural, este término suele camuflar jarabe de maíz de alta fructosa, glucosa u otros derivados procesados que alteran los niveles de glucosa en sangre. La opción correcta debe especificar el uso de azúcar tradicional —en un porcentaje mínimo— o, mejor aún, el propio azúcar natural de la fruta.
El término ‘extra’. Leer en el etiquetado el término ‘extra’ nos hace suponer que estamos ante un reclamo de marketing, pero la realidad es que se trata de una categoría legal estricta. En el caso de la mermelada Extra se exige un mínimo del 50 % de fruta por cada kilo de producto terminado, y en el de la mermelada Estándar, tan solo un 30 % de fruta, el mínimo legal permitido.
La regla del 70 %. El orden de los ingredientes en la etiqueta indica su cantidad, de mayor a menor, por lo que la fruta debe aparecer siempre en primer lugar. Aunque la ley es muy permisiva con los mínimos, los lineales ya ofrecen mermeladas que superan el 70 % de fruta de temporada, reduciendo drásticamente la necesidad de azúcares añadidos.
Cuantos menos ingredientes, mejor. En el ámbito de la salud y la gastronomía, el ‘menos es más’ es una regla de oro. En el caso de una mermelada de calidad, ésta no debe incluir nada más que fruta, una cantidad mínima de azúcar y espesantes naturales como la pectina o el agar-agar, procedente de las algas marinas. Ocasionalmente puede incorporar zumo de limón como conservante natural, y no debe contener colorantes o conservantes artificiales.
El origen. Elegir una mermelada elaborada con frutas nacionales garantiza que el cultivo ha seguido las normativas de seguridad alimentaria locales y europeas. Y si, además, se trata de un producto de Kilómetro 0, estaremos ayudando a reducir la huella de carbono derivada del transporte y favoreciendo el desarrollo de las zonas rurales españolas.
INFORMACIÓN DE SÍNTESIS
La mermelada puede dejar de ser saludable por el exceso de jarabes y aditivos. Para elegir una opción sana, se debe revisar el etiquetado siguiendo cuatro claves. Primero, evitar los ‘azúcares’ en plural, que suelen camuflar derivados procesados. Segundo, buscar el término ‘extra’, una categoría legal que garantiza al menos un 50 % de fruta. Tercero, aplicar la regla del 70 % buscando productos con alta proporción frutal. Por último, priorizar listas cortas con ingredientes naturales como fruta, poca azúcar y pectina.



