Hoy, viajar se ha convertido en una suma de rutinas: las mismas colas y controles en los aeropuertos, los mismos aviones, las mismas habitaciones en la mayor parte de alojamientos… Encontrar un hotel cuyo leit motiv es la apuesta por la diferenciación y personalización, supone un gran descubrimiento.   Así, sumergirse en una cama, como […]

Hoy, viajar se ha convertido en una suma de rutinas: las mismas colas y controles en los aeropuertos, los mismos aviones, las mismas habitaciones en la mayor parte de alojamientos… Encontrar un hotel cuyo leit motiv es la apuesta por la diferenciación y personalización, supone un gran descubrimiento.

 

Así, sumergirse en una cama, como si del fondo del mar se tratara, en pleno centro de Madrid; disfrutar de una panorámica de 360º desde una azotea mágica que roza el cielo… Todo esto y mucho más se cumple en el Hotel Mercure Madrid Santo Domingo, junto a la céntrica Gran Vía y la plaza del Callao, donde cada ambiente sorprende al visitante y lo traslada, a través de los cinco sentidos, a un universo casi onírico.

Para todos los gustos

Nada más cruzar la puerta, el lobby da la bienvenida con destellos dorados, reflejo de las cúpulas blancas con pan de oro que lo coronan. En su interior, las 200 habitaciones, equipadas con todas las comodidades, se adaptan a todos los gustos, edades y bolsillos. Habrá quienes prefieran descansar en un dormitorio clásico, o quienes se aventuren a hacerlo en la mismísima Quinta Avenida de Nueva York. El caso es que podrán elegir entre más de 80 decoraciones distintas.

Muebles, tejidos, pinturas e iluminación se mezclan creando atmósferas originales, confortables y totalmente personalizadas, que permiten vivir una experiencia única. En breve, y una vez se complete la integración del sistema informático de gestión con el nuevo programa de ‘habitaciones a la carta; el cliente, al reservar o a su llegada, podrá elegir la que más le agrade.

 

Acompañados de delfines y tortugas

Hay más de 20 habitaciones temáticas: cabañas tropicales, salvajes junglas, Don Quijote persiguiendo el sueño imposible… Peculiares escenarios como la denominada Acuario, revestida en cristal salvo el techo, con un color azul mar profundo y poblada por delfines y tortugas iluminados con focos especiales que producen irisaciones. De esta forma, el cliente parece sumergirse en pleno océano. O la Allegro, la más lírica, ya que sus paredes -incluso el baño- están vestidas con partituras.

Para los más exigentes destacan tres suites, de las cuales, en dos de ellas pueden contemplarse cuadros de pintores que tienen obra en el Museo del Prado -Madrazo, Esquivel o Balaca- y antigüedades como una silla de manos del siglo XVII o una colección de zapatos de los siglos XVII y XVIII. La tercera estancia ofrece unas magníficas vistas de las cúpulas del Madrid de los Austrias.

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