La red de Hospederías de Extremadura se ha convertido en una oferta ideal de alojamiento. Antiguos palacios y conventos o edificios de nueva planta, pero siempre en un entorno fascinante. Cualquiera de las nueve opciones que componen la red resulta ser un remanso de lujo y calidad en medio del paisaje donde, junto a la […]

La red de Hospederías de Extremadura se ha convertido en una oferta ideal de alojamiento. Antiguos palacios y conventos o edificios de nueva planta, pero siempre en un entorno fascinante. Cualquiera de las nueve opciones que componen la red resulta ser un remanso de lujo y calidad en medio del paisaje donde, junto a la mayor tranquilidad y el sosiego se puede conocer una parte importante del arte, la naturaleza, la gastronomía y el folclore del lugar.

Son establecimientos con encanto, situados en edificios emblemáticos: un destino perfecto para pasar unos días lejos del bullicio de la ciudad. Además, todos ellos incorporan a su oferta hotelera una aportación muy interesante: cualquier visitante puede disfrutar de una pequeña biblioteca que permite la lectura de libros editados por la Editora Regional –se trata de autores o temas relacionados con la región, de fácil lectura y de pequeño tamaño- y llevarse de obsequio uno de los títulos.

Desde el punto de vista arquitectónico, cada una de las nueve Hospederías tiene su peculiaridad:

La Hospedería del Valle del Jerte está construida sobre el que fuera durante muchos años un edificio dedicado al curtido de pieles y que a mediados del siglo XX fue reconvertido en almazara.

La del Parque de Monfragüe, sin embargo, es un interesante ejemplo de moderna construcción adaptada a la impresionante naturaleza que rodea al propio edificio, a base de madera, piedra y las típicas pizarras extremeñas.

La Hospedería del Valle del Ambroz se ubica sobre el antiguo Convento de los Padres Trinitarios, fundado en 1664, magníficamente rehabilitado y adecuado para su nuevo uso, conservando el patio central original y el suelo primitivo, protegido por cristales.

El origen de la Hospedería Hurdes Reales está en un edificio con alto valor simbólico en la comarca de Las Hurdes, que gracias a un acuerdo entre el Rey don Juan Carlos y el expresidente de la Junta Juan Carlos Ibarra ha sido conservado y rehabilitado para uso turístico.

Puente de Alconétar, en Garrovillas, está situada sobre el que fuera en otro tiempo el Palacio de los Condes Alba de Liste, establecidos en esta localidad en el siglo XV.

La de La Parra ocupa el edificio que en otro tiempo fue convento de clausura de la Orden de Santa Clara, con el mismo sonido del agua, el reflejo del sol, el blanco de los muros, las bóvedas de crucería y el silencio de la noche que vivieron sus primitivos ocupantes.

La Hospedería de Orellana está situada a orillas del Pantano de Orellana, sobre un edificio que comenzó a construirse hacia 1960, con diversas intervenciones y modificaciones, la última en 1992, cuando fue destinado a hotel-escuela.

La Hospedería Convento de Alcántara está ubicada en el Convento de San Francisco, al este de la población de Alcántara y dedicado últimamente a fábrica de harina, manteniendo en la actualidad la mayor parte de la maquinaria.

Y finalmente, la Hospedería Mirador de Llerena, donde entrar, el visitante se introduce de golpe en la historia de principios del siglo XX en Extremadura, esa oscura época en la que se construye este emblemático palacio.

 

Comer en Extremadura

La gastronomía de Extremadura está marcada por su propio paisaje: sus dehesas, donde se cría el mejor cerdo ibérico, por lo que allí se encuentran los mejores jamones de pata negra,   los cerezos del Valle del Jerte, con la picota como la variedad más emblemática, el pimentón de la Vera, calificado como el mejor pimentón de España, que da color y sabor a cualquier plato y los quesos, como La Torta del Casar, un producto exquisito que ya se exporta a países de todo el mundo o el de la Serena, cada vez más apreciado fuera de esta región.

Sin olvidar sus vinos, como los de la Ribera del Guadiana, de una esmerada elaboración y crianza, los aceites de oliva como los de Monterrubio o los de Gata-Hurdes o la miel de Villuercas-Ibores.