El Manual para bien comer en la Real Isla de León, es un libro que se editó con motivo del bicentenario de las Cortes, de modo que recoge las tapas, comidas, postres y bebidas recuperadas de entre los sabores tradicionales del año 1810 en San Fernando, Cádiz. Cada plato contiene en sí mismo una historia […]

El Manual para bien comer en la Real Isla de León, es un libro que se editó con motivo del bicentenario de las Cortes, de modo que recoge las tapas, comidas, postres y bebidas recuperadas de entre los sabores tradicionales del año 1810 en San Fernando, Cádiz.

Cada plato contiene en sí mismo una historia o anécdota que define las costumbres y tradiciones de una época al menos algo que merece la pena recordar hoy en día. De hecho, las propuestas reseñadas en el libro no componen simplemente un recetario de época, sino la suma de una serie de costumbres y que merece la pena recuperar, auque solo sea como testimonio de una época.

Los ‘cocineros estrella de la época’

Historias como la de “El Deán”, una freiduría que lleva abierta, junto a la Iglesia Mayor, más de 200 años y cuya peculiaridad es un adobo que contiene cominos en lugar del habitual orégano de la zona. En aquellos años las freidurías eran algo muy frecuente en la Bahía de Cádiz, unos establecimientos donde el pescado se servía en un cucurucho de papel para comérselo a continuación con las manos.

O la de la “Venta de Vargas”, supuestamente el origen de las hoy tan conocidas tortillitas de camarones. Y la del guiso de rabo de toro de “Los Tarantos”, donde algún ‘avanzado’ cocinero de entonces tuvo la brillante idea de añadirle “una mijita de hierbabuena” a la receta tradicional,  un detalle que definitivamente le otorgó a este plato su característico sabor.

Tradiciones difíciles de recuperar

También se reseñan –aunque actualmente sean más difíciles de recuperar- costumbres como la de poner en las mesas unos recipientes con azúcar mezclada con canela molida o la de acompañar los desayunos con aguardiente. O la tradición de que el café y la leche no podían faltar, pero nunca juntos sino por su orden, es decir primero se tomaba el café y luego la leche, en vasos separados.

La Guía, en palabras de José Monforte, uno de sus autores, no pretende ser un recetario al uso, sino “dar a conocer el Bicentenario de una forma amena, a través de la gastronomía”, todo ello ayudado por unas bonitas ilustraciones, obra de Sergio Ybarra.