La cría de insectos destinados al consumo humano se ha convertido ya en una industria creciente en Europa, una actividad que, además, deja una huella ecológica menor. De hecho, las más de dos mil especies de insectos que son consumidas por humanos —del total de más de un millón de especies— podrían ayudar a combatir el cambio climático.

Así lo exponían recientemente en una conferencia en el Colegio de Economistas de Cataluña sobre alimentación saludable y sostenible Anna Bach, profesora del Área de Nutrición de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, y Marta Ros, dietista y doctoranda de la UOC, que presentó los resultados preliminares de su tesis sobre la proteína de insecto como proteína alternativa.

Cría de insectos para el consumo humano

“Las especies de insectos son consideradas de origen animal, como la carne, el pez y los huevos, que proporcionan proteínas, grasas y nutrientes muy valiosos. Aun así, solo se han creado algunas especies de insectos para el consumo, si bien en algunos países, como los asiáticos, el consumo de insectos es un comportamiento dietético con una larga historia; en China, por ejemplo, su consumo se remonta a dos mil años atrás», explicaba Marta Ros, añadiendo que también se comen insectos en otros lugares de África, Centro y Sudamérica, México o Australia.

En cuanto al medio ambiente, su valor añadido es la reducción de la contaminación, una disminución en la emisión de los gases de efecto invernadero y un requerimiento inferior de agua, por lo que la dietista concluía que «la cría de insectos para el consumo humano deja una huella ecológica menor, sobre todo en comparación con la ganadería convencional. De los insectos se puede aprovechar más que de otros animales, se puede comer un 80 % del cuerpo de los grillos, en comparación con un 55 % de las aves y un 40 % de los cerdos y la ternera”.

Otro indicador que juega a su favor es la conocida como feed conversion ratio, que es la cantidad de kilos de alimento necesarios para obtener el peso del animal. «Los insectos son de sangre fría y no tienen que metabolizar los alimentos para mantener su temperatura corporal, a diferencia de otras especies; esto hace que sean muy eficaces en su producción como alimento. El agua necesaria para producir el producto también es inferior; igualmente, generan menos gases de efecto invernadero, y la ocupación de espacio en granjas es, al mismo tiempo, menor. De hecho, hay empresas que están desarrollando granjas de insectos que se pueden tener en casa”, explicaba Ros en su intervención.

Por su parte, la profesora Anna Bach defendía que “los insectos pueden aportar su proteína para un sistema alimentario más sostenible, que actúa como uno de los principales motores del cambio climático. Hay que tener en cuenta que la población mundial podría llegar hasta los 9.000 millones de personas en 2050 y, por lo tanto, tenemos que encontrar diferentes soluciones y, en este sentido, los insectos pueden tener un rol para esta población creciente».

Resumen
La cría de insectos para el consumo humano, una industria creciente en Europa
Título
La cría de insectos para el consumo humano, una industria creciente en Europa
Descripción
La cría de insectos para consumo humano es una industria creciente en Europa, una actividad que, además, deja una huella ecológica menor. De hecho, las más de dos mil especies de insectos que son consumidas por humanos —del total de un millón de especies— podrían ayudar a combatir el cambio climático.
Autor