En 1832, un aprendiz de cocina vienés de apenas 16 años, llamado Franz Sacher, creó -para satisfacer una imperiosa orden del poderoso conde y príncipe de Metternich-Winneburg- la que a juicio de todos los entendidos ha llegado a ser la tarta de chocolate más famosa del mundo: la tarta Sacher. Medio siglo más tarde, Eduard […]

En 1832, un aprendiz de cocina vienés de apenas 16 años, llamado Franz Sacher, creó -para satisfacer una imperiosa orden del poderoso conde y príncipe de Metternich-Winneburg- la que a juicio de todos los entendidos ha llegado a ser la tarta de chocolate más famosa del mundo: la tarta Sacher.

Medio siglo más tarde, Eduard Sacher, hijo del autor de la ya célebre obra de pastelería, fundó un establecimiento, el Hotel Sacher, que con el tiempo se convertiría en uno de los emblemas de la capital austriaca y que todavía hoy en día cuida con orgullo el secreto de la receta original.

Situado en el corazón de la ciudad,  justo detrás de la Ópera de Viena, el hotel lleva casi dos siglos íntimamente relacionado con la historia de Austria y continúa atrayendo a grandes personalidades del mundo de la política, el arte y el comercio, inmortalizadas en su galería de retratos y autógrafos, con nombres tan famosos como el de los tenores Luciano Pavarotti y Plácido Domingo, el maestro Leonard Bernstein, Indira Gandhi, John F. Kennedy, Ernest Hemingway  o Isabel Allende, entre muchas otras personalidades que algún día ocuparon alguna de las 152 habitaciones y suites con las que cuenta el establecimiento.

Historia de una casualidad

Cuenta la historia que el influyente príncipe Clemente Lotario Wenceslao de Metternich -Canciller del Imperio austro-húngaro que llegó a ser árbitro de Europa- un buen día en el que precisamente el jefe de cocina estaba enfermo, pidió o mas bien exigió a su servicio “un postre especial para unos importantes invitados, para esta misma noche, del que no me tenga que avergonzar». Y que ante la ausencia del cocinero, el aprendiz tuvo que improvisar una receta, que ingeniosa o milagrosamente, de momento salvó la situación.

Pero el resultado obtuvo tanto éxito entre los asistentes, que no solo encumbró al creador sino que le otorgó unos buenos beneficios económicos que le permitieron, pasados unos años,  pagarle los estudios de hostelería en París a su hijo Eduard, quien en 1876 llegó a fundar el hotel que adquiriría también fama tras su muerte y que gracias a la habilidad de su viuda, Anna Sacher, logró atraer a lo más selecto de la aristocracia, la alta burguesía y la política del país.

Escenario cinematográfico

Y de ahí hasta nuestros días, el Hotel Sacher ha sido, por poner un ejemplo, el lugar donde el autor británico Graham Green escribió el guión de la película «El Tercer Hombre», una de cuyas escenas se rodó en el escenario del hall de entrada. O el espacio que sirvió de inspiración a escritores como John Irving, que lo evoca en su novela «El Hotel New Hampshire» y al músico John Lennon y su esposa Yoko Ono, que lo eligieron en 1969 para presentar el documental «Violación».

360.000 unidades vendidas cada año

Pero la realidad es que tanto estos visitantes “estrella” como cualquier turista que se haya acercado por este conocido establecimiento han disfrutado, durante más de un siglo, del placer de probar la célebre tarta Sacher original, de la que dicen elaborar más de 360.000 unidades al año, un suave bizcocho de chocolate recubierto con un exquisito baño también de chocolate y con una fina capa de mermelada de albaricoque en su centro, que se sirve con nata neutra montada y acompañado de un «Mélange Vienés», el típico café con leche pariente cercano del italiano «Capuccino» y que se vende para llevar en cuatro tamaños diferentes desde la moderna confitería situada en el mismo edificio del hotel, en la avenida peatonal de la Kärntner Strasse de Viena.