La explosión de nuevos aditivos alimentarios en los Estados Unidos, junto con una reducción de los requisitos de supervisión está permitiendo a los fabricantes evitar el control de la Food and Drug Administration (FDA), la agencia alimentaria estadounidense y organismo responsable de garantizar la seguridad de los productos químicos que se incorporan al suministro de […]

La explosión de nuevos aditivos alimentarios en los Estados Unidos, junto con una reducción de los requisitos de supervisión está permitiendo a los fabricantes evitar el control de la Food and Drug Administration (FDA), la agencia alimentaria estadounidense y organismo responsable de garantizar la seguridad de los productos químicos que se incorporan al suministro de alimentos.

Según el Washington Post, en cientos de casos la FDA ni siquiera sabe de la existencia de nuevos aditivos, que pueden incluir conservantes químicos, aromatizantes y agentes espesantes: «Simplemente no tenemos la información necesaria para responder por la seguridad de muchos de estos productos químicos», asegura Michael Taylor, comisionado adjunto de la FDA para temas relacionados con la alimentación.

La FDA ha recibido en los últimos años miles de quejas de consumidores acerca de aditivos, en las que se afirma que ciertas sustancias parecen desencadenar ataques de asma, graves episodios de vómitos, trastornos intestinales y otros problemas de salud

Certificación ‘expres’

A un ritmo mucho más rápido que en años anteriores, las compañías están agregando ingredientes secretos a todo, desde las bebidas energéticas a las barritas energéticas. Pero la preocupación más generalizada entre los defensores de la seguridad alimentaria y algunos reguladores federales es el rápido incremento de las empresas que optan por el proceso de ‘certificación acelerada’, un sistema voluntario que se puso en marcha hace unos años para ayudar a la industria y que actualmente casi ha reemplazado al habitual, más formal y en el que la certificación oficial tarda más tiempo.

El resultado es que los consumidores tienen pocas posibilidades de estar seguros sobre si los productos alimenticios que compran son inocuos o les perjudicarán. «No estamos diciendo que tengamos una crisis de salud pública» —afirma el comisionado Taylor— «pero sí nos cuestionamos si realmente podemos o no hacer lo que la gente espera de nosotros».

En las cinco décadas que han pasado desde que el Congreso le otorgó a la FDA la responsabilidad de garantizar la seguridad de los aditivos en los alimentos, el número de éstos se ha incrementado de 800 a más de 9.000 referencia, que van desde las sustancias más comunes, como la sal, hasta nuevos ingredientes, como extractos de té verde. Este aumento ha sido impulsado en gran parte por la demanda de los propios ciudadanos americanos, ya que, de acuerdo a los datos del gobierno y de la propia industria más de la mitad de sus comidas diarias se realizarían a base de alimentos procesados.

 

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