En julio de 2010, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, puso en marcha una iniciativa a través del Departamento de Sanidad, por la cual los restaurantes son inspeccionados por las autoridades sin previo aviso, una vez al año, para comprobar que se cumplan rigurosamente los requisitos sanitarios: higiene general, personal, temperatura de la comida, […]

En julio de 2010, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, puso en marcha una iniciativa a través del Departamento de Sanidad, por la cual los restaurantes son inspeccionados por las autoridades sin previo aviso, una vez al año, para comprobar que se cumplan rigurosamente los requisitos sanitarios: higiene general, personal, temperatura de la comida, tratamiento de los alimentos, control de insectos u otros animales, etc.

Los inspectores califican cada infracción, según su naturaleza y gravedad, con una serie de puntos que suman para otorgar al establecimiento la calificación de una letra A, B o C, según el resultado, y que colocan en el exterior del local de modo que los clientes puedan conocer su estado sanitario antes de accede a el.

Los restaurantes que en su inspección inicial no reciben una A, quedan temporalmente sin ser calificados, dándoles la oportunidad de recibir una segunda inspección en el plazo de unas semanas, para permitirle mejorar sus condiciones. Si durante esta segunda inspección el restaurante sigue manteniendo la peor calificación, la letra C, continúa recibiendo inspecciones periódicas cada 30 días hasta que finalmente cumpla con los requisitos o sea clausurado.

Además, cualquier ciudadano puede acceder, a través de la página web del Departamento de Sanidad de Nueva York al informe completo de todos los restaurantes inspeccionados, de modo que pueda consultar toda la información relativa a última inspección, calificaciones de inspecciones anteriores, calificación actual e infracciones cometidas.

Resultados después de un año

SanitaryInspectiongradeDespués de un año de funcionamiento de la nueva normativa, la alcaldía de Nueva York ha anunciado recientemente que de los más de 24.000 restaurantes con que cuenta la ciudad, un 69% recibieron la calificación A, un 15% obtuvo la B, mientras que tan solo un 4% permanece en la C. Un 12% de los establecimientos tienen pendiente su calificación, que será determinada por un juez del tribunal de salud y mientras tanto deberán mostrar en su exterior una tarjeta que informa de su situación, llamada ‘Grade Pending’.

La única duda que existe sobre el nuevo sistema, de la que ya han alertado algunos medios, es la posibilidad de que los clientes puedan confundir la asignación de estas ‘letras sanitarias’ con la calidad de la comida que se sirve en cada establecimiento -al estilo tradicional de las guías gastronómicas- y si esta interpretación puede acarrear en el futuro que los restaurantes calificados con una A incrementen sus precios.

 

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