La nutrición de los deportistas olímpicos desde que se celebraran en Atenas los primeros Juegos Olímpicos de la edad contemporánea en 1896, hasta nuestros días, ha sido el foco de la primera tesis del doctorado de Salud y Psicología de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Bajo el título Evolución y cambios en la nutrición deportiva, la provisión de alimentos y la gastronomía en los Juegos Olímpicos de la era moderna (1896-2020), la investigación, llevada a cabo por Xavi Santabárbara Díaz, graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, para la presentación de su tesis, ha sido realizada en el marco de los grupos FoodLab y Epi4Health de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC dirigida por los investigadores F. Xavier Medina y Laura Esquius.
La historia alimentaria de los Juegos Olímpicos
El estudio recoge cómo en estos años han experimentado una gran evolución tanto las prácticas deportivas como la dieta de los atletas y, en concreto los participantes en los Juegos, e incluye también multitud de anécdotas que reflejan los cambios en la sociedad y en la nutrición deportiva de los siglos XX y XXI.
«En las primeras ediciones no había villas olímpicas, los atletas eran amateurs, bebían vino y todavía pensaban, como en la antigua Grecia, que si comían pata de cabra tendrían la fuerza de una cabra. Hoy, hay que preparar 50 000 comidas cada día, informar bien, incluir opciones vegetarianas y velar por la sostenibilidad», explica el autor de esta tesis que analiza, desde el punto de vista de la nutrición deportiva, los informes del Comité Olímpico Internacional (COI) de todas las ediciones de los Juegos Olímpicos de verano desde el 1896 hasta el 2020, teniendo en cuenta que las guerras hicieron suspender algunas y que la pandemia retrasó la última.
Los Juegos Olímpicos son el evento por antonomasia del mundo deportivo, por lo que el autor de la tesis se propuso estudiar todos los factores que influyen en la nutrición deportiva en un acontecimiento así, entre ellos las particularidades gastronómicas de cada país y su efecto sobre los alimentos que encontrará el deportista en la villa olímpica.
Por ejemplo: en 1988, en Seúl, el comité organizador utilizó la gastronomía para potenciar el país. Es un claro ejemplo de gastrodiplomacia. Desde entonces, el kimchi es conocido en todo el mundo. En cambio, en el caso de Barcelona se dio más prioridad a transformar la ciudad que a potenciar la gastronomía catalana o española. Otro ejemplo es el hecho de que Japón siempre había sido reticente a considerar su dieta como interesante para los deportistas, hasta que en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 la selección nacional de voleibol femenina ganó la medalla de oro. Entonces, su entrenador explicó la dieta que hacían las deportistas, centrada en bolas de arroz y pescado, lo que cambió la forma de ver la alimentación japonesa.
La investigación incluye también aspectos como el suministro de alimentos, las empresas de restauración o la suplementación deportiva, refleja los cambios que se han producido en la sociedad y en la alimentación de los atletas a lo largo del siglo xx. «La nutrición deportiva ha pasado de ser anécdota y mito a una especialidad consolidada basada en la evidencia científica. Y los Juegos Olímpicos lo ponen de relieve. Por ejemplo, a principios de siglo se consideraba que las proteínas eran lo más importante. A mediados de los años cuarenta, las investigaciones ya determinaron que lo que da energía es el hidrato de carbono. Y, después de la Segunda Guerra Mundial, en los Juegos Olímpicos de Helsinki, ya se tenía en cuenta la importancia de los hidratos», comenta el autor.


