El pasado mes de noviembre, el Consejo Regulador de la DOP Alicante convocaba la V edición del concurso de microrrelatos sobre la Monastrell, con el que se quiere incentivar la creatividad y la presencia del vino o la uva en relatos literarios.
En los microrrelatos, de menos de 300 palabras, pueden intervenir directamente la uva o el vino de monastrell, la zona de producción o elementos de la cultura del vino en esta zona, escrita en lengua castellana y/o valenciano.
V Concurso Microrrelatos de la Monastrell
Y el jurado, compuesto por María Gilabert (periodista y editora de Alicantemag), Carmen Juan (Librería 80 mundos, Alicante), David Reche (Librería Ali i truc, Elche), Joaquín Juan Penalva (Instituto Juan Gil Albert y profesor de literatura española en la Universidad Miguel Hernández) y Eladio Martín, ha elegido como ganador el microrrelato El vino perfecto, de Alfredo Fornas Pallarés, “un relato diferente, con toques de suspense, enología y un sorprendente toque final. Además, divertido, lo que aporta algo también importante en el conjunto de relatos ganadores de otros años”, en opinión del jurado del premio.
Alfredo Fornas es licenciado en Humanidades por la Universidad Jaime I de Castellón, doctorado en Historia Contemporánea y con varias publicaciones sobre Historia Local y refugiados en la Guerra Civil. Aunque es de Figueroles (Castellón), reside actualmente en Cervera del Maestre y trabaja en el Archivo Municipal y el museo de Moncofa.
El relato ganador
El texto completo del microrrelato ganador es:
Una mesa, tres sillas, dos hermanos. Baldomero, el mayor de ellos, llena dos copas con gesto solemne. Trinitario levanta la suya y observa el contenido mientras lo hace girar. La luz de la ventana crea un juego de destellos sobre el vino y refleja tonos rubí intenso, con derivaciones de amatista. A continuación, acerca su nariz, da un sorbito y asiente con satisfacción. Baldomero asiente con él.
Este año la cosecha es excelente…
La escena se ve interrumpida por la llegada de Óscar, el menor de los tres hermanos. El semblante de Baldomero y Trinitario contrasta con el gesto triunfal del recién llegado, quien levanta una botella y proclama:
¡He creado el vino perfecto!
Tras un silencio incómodo, sus hermanos lo miran con condescendencia.
No existe el vino perfecto —explica Baldomero—. En todo caso, existe el vino perfecto para cada persona…
…y para cada ocasión —añade Trinitario—. Sería incivilizado acompañar carne roja con vino blanco.
Ambos coordinan un gesto asqueado, pero Óscar no se da por vencido y llena dos nuevas copas con la elegancia de quien cambia el agua a sus mascotas. Los dos hermanos mayores, atónitos pero intrigados, se llevan las copas a los labios.
Pese al color, algo turbio, es un coupage agradable al paladar —opina Trinitario.
Afrutado —apostilla Baldomero.
Lleva buen porcentaje de monastrell… de nuestra bodega, sin duda.
Cosecha de hace dos años.
Y garnacha… pero hay algo que…
Merlot. Noto su dulzor… pero sí, hay un retrogusto a…
Los dos hermanos beben un nuevo trago, pero es el pequeño quien apunta. Arsénico.
Estaba a punto de decirlo —maldice Baldomero, con los ojos desorbitados.
¡Nos has envenenado! —observa Trinitario, perspicaz—. ¿Acaso te crees capaz de llevar la bodega adelante tú solo?
Os dije que era el vino perfecto –sentencia Óscar.


