La reconocida revista americana Saveur, especializada en gastronomía a nivel internacional, ha otorgado a las Bodegas Portia, de Ribera del Duero, el galardón ‘Culinary Travel Awards Saveur’ a la Mejor Experiencia Gastronómica Enoturística. El reconocimiento forma parte de una de las trece categorías seleccionadas en base a las opiniones de sus lectores y suscriptores.

La revista, en su versión digital, cuenta con más de un millón de visitantes al mes y una tirada de 330.000 ejemplares impresos. Bodegas Portia, a su vez, es la nueva generación de Grupo Faustino con denominación de Origen Ribera del Duero.

Diseñada por el prestigioso arquitecto inglés Sir Norman Foster, responde a un proyecto vanguardista que le sitúa como claro exponente de la filosofía del grupo empresarial familiar: aunar la experiencia, de más de 150 años en el cultivo de viñedos y en la elaboración y crianza, con una enología moderna e innovadora.

Por Norman Foster

Un moderno edificio de 12.500 metros cuadrados en forma de trébol representando las tres fases principales en la producción del vino: la fermentación en depósitos de acero, la crianza en barricas de roble y el envejecimiento en botellas. El interior realizado en hormigón, acero y cristal, elementos también relacionados con la elaboración del vino. Y una fachada revestida de azulejos en tonos de tierra y acero para facilitar la integración del edificio en el paisaje.

Es Portia, la primera bodega diseñada por Norman Foster, en la localidad de Gumiel de Izán, en Burgos. Un conjunto de gran belleza dividido en tres plantas en plena zona geográfica de la Denominación de Origen Ribera del Duero que ha supuesto una inversión de 25 millones de euros entre fondos privados y públicos.

“El edificio tiene una forma muy fuerte, masculina y musculosa”. Así definía Norman Foster el resultado de tres años de estudios para levantar la primera bodega diseñada por su estudio Foster + Partners. “Nosotros, que no somos arquitectos especializados en el mundo del vino (el equipo de Foster participó en dos vendimias del Grupo Faustino para conocer de manera exhaustiva el proceso), hemos iniciado un viaje muy interesante sobre cómo se elabora este producto”, declaraba el arquitecto en la inauguración del edificio, añadiendo que no tenían intención de repetir, sino que más bien “vamos a bebernos el vino”.

Partir de cero

Para Foster, la oportunidad de partir de cero, sin ideas preconcebidas por experiencias anteriores supuso “una oportunidad para empezar desde cero y examinar las diferentes etapas en la producción del vino para intentar crear las mejores condiciones para su desarrollo”.

De hecho, la solución aportada por su estudio fue un diseño que buscaba dar respuesta a las necesidades de producción, de modo que en una de las hojas del trébol se situó la sala de fermentación, al nivel del suelo para favorecer la oxigenación, otra de las hojas se destinó a la crianza en barricas de madera y en la tercera se sitúa el botellero. Estas dos últimas zonas están semienterradas, siguiendo la sabia tradición de las antiguas bodegas subterráneas que así lo hacía para evitar los bruscos cambios de temperatura que caracterizan el duro clima de esta zona castellana de la Ribera del Duero.