Cada día vemos, compramos o disfrutamos de una experiencia gastronómica que forma parte ya de nuestro entorno personal, que nos resulta naturalmente familiar y cercana. Sin embargo, no siempre conocemos el verdadero origen de esta actividad, que en ocasiones se remonta a épocas muy lejanas.
Como, por ejemplo, el aperitivo, uno de los rituales gastronómicos más característicos de la cultura española que, aunque hoy se asocia sobre todo con las tapas, su origen es complejo, combinando tradición popular, evolución gastronómica y alguna que otra leyenda.
El origen del aperitivo
Según la cadena de supermercados LIDL, en España el aperitivo ha evolucionado de ser una prescripción médica a un pilar fundamental de la vida social. Su origen etimológico, aperire, significa ‘abrir’, y en sus inicios tenía un propósito sencillo: abrir el apetito. El queso se consolidó como el rey de esta tradición por su versatilidad, sabor intenso y capacidad para maridar con otros alimentos. Antiguamente, los quesos eran un alimento básico que durante siglos, pastores y trabajadores agrícolas llevaban consigo junto con pan y cebollas envueltos en un paño.
Existen evidencias de que ya en el siglo XVIII era común cubrir las copas con pan o pequeños platos para proteger la bebida de insectos o polvo. Según un relato ampliamente extendido, con el tiempo, esas ‘tapas’ con las que se cubrían las bebidas comenzaron a incluir alimentos que acompañaban al vino o a la cerveza, lo que, al parecer, contribuyó al desarrollo de la tradición del aperitivo tal como se conoce hoy.
En la misma línea inicial de abrir el apetito, el aperitivo también está relacionado con la tradición mediterránea de hacerlo con bebidas aromatizadas como, por ejemplo, el vermut — durante muchos años muy popular en España en el aperitivo dominical—, una bebida que surgió en el siglo XVIII en la ciudad italiana de Turín cuando se empezaron a aromatizar vinos con hierbas y especias. Con el tiempo, esta bebida se integró en la cultura española del aperitivo, especialmente en reuniones sociales antes de la comida.
Los antecedentes más cercanos
A lo largo del siglo XIX y XX el aperitivo fue consolidándose a nivel popular en bares y tabernas, convirtiéndose en una costumbre social conocida como ‘ir de tapas’ o ‘tapeo’, visitando en cada salida varios bares y probando pequeñas raciones diferentes, un hábito que, en el caso de la cultura española, tiene mucho que ver con la importancia que damos a la sociabilidad, a comer y beber en compañía de familiares y amigos.
Durante el siglo XX fueron asentándose numerosos aperitivos emblemáticos en cada región, que hoy forman parte de la tradición culinaria española. Por ejemplo, el Pescaíto frito de Cádiz y Málaga, el Pintxo o la Gilda en el País Vasco, la Butifarra en Cataluña, las Clóchinas o el Esgarraet en la Comunidad Valenciana, el Pulpo a feira en Galicia, las Patatas bravas o Bocadillo de calamares en Madrid, la Morcilla de Burgos en Castilla y León, el Chorizo a la sidra en Asturias o la Papas arrugás en Canarias, entre muchos otros aperitivos.


