Sentarte a la mesa es una de las mejores formas de tomarle la temperatura a la esencia local. Todos conocemos las apuestas seguras (pizza italiana, sushi japonés, tacos mexicanos), pero el mundo culinario está repleto de desafíos para el paladar occidental.

¿Te apetece sentarte a la mesa de la gastronomía extrema? Son bocados que a primera vista chocan, pero cada uno esconde siglos de historia y cultura. Si tienes un estómago fuerte y una actitud abierta a nuevos sabores, acompáñanos en esta ruta por las delicias más peculiares del globo.

1 Las ostras de las Montañas Rocosas (EE. UU.)

Si visitas zonas rurales de Estados Unidos (Colorado o Montana, por ejemplo), verás este plato estrella en las pizarras de muchas tabernas. El nombre suena a marisco, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad. Las rocky mountain oysters son testículos de toro (o de oveja) rebozados y fritos.

Su origen se remonta a los vaqueros del Lejano Oeste, que no podían permitirse desperdiciar ninguna parte del animal. Hoy en día se sirven como un aperitivo crujiente, casi siempre acompañados de salsa picante.

Si planeas hacer una ruta por la América profunda y probar estas oysters, recuerda asegurarte una buena conexión a internet. Lo más práctico es llevar instalada una eSIM para Estados Unidos en tu móvil. Aterrizas, te conectas y ya puedes usar el GPS por esas carreteras secundarias o buscar una taberna bien valorada.

2 Balut (Filipinas)

Cambiamos de continente para adentrarnos en Asia. Las calles de Manila cuentan con un «manjar» que destaca por encima del resto y no precisamente por su sabor, sino por lo brutal que resulta el plato. Se trata del balut, un huevo de pato fecundado que se hierve vivo y se come directamente de la cáscara con vinagre y sal. En su interior, el embrión del ave ya está formado.

Para un turista occidental, la impresión es muy intimidante y pocos se atreven a probarlo. Pese a ello, para los filipinos es una fuente de proteínas rápida y barata. Lo consideran una street food que aporta energía tras largas jornadas laborales.

3 Casu Marzu (Italia)

Las montañas de la isla de Cerdeña guardan un secreto culinario que le echa un pulso a todas las normativas sanitarias europeas. El casu marzu es un queso de oveja que se fabrica con larvas vivas de mosca. Sí, como lo lees, de moscas. Los pastores las usan tradicionalmente para acelerar el proceso de fermentación.

El resultado es un queso de textura muy blanda con un sabor picante y ácido que perdura horas en el paladar. Lo que ocurre es que su venta al público está terminantemente prohibida (por motivos evidentes de salud). Sin embargo, las familias locales lo siguen fabricando de puertas para adentro, sobre todo para celebraciones especiales.

Te avisamos, eso sí, de que comerlo requiere cierta valentía. Las larvas pueden saltar varios centímetros si se sienten molestadas al acercar el tenedor.

4 Escamoles (México)

Este plato prehispánico, que los aztecas ya consumían mucho antes de la llegada de Hernán Cortés, es conocido como el caviar antiguo. Los escamoles son larvas de hormiga extraídas de las raíces del agave (la misma planta de la que nace el tequila).

Su recolección es un proceso laborioso y bastante doloroso, ya que las hormigas defienden sus nidos subterráneos como fieras. Por eso, es un plato caro y bastante exclusivo. Una vez cocinados en la sartén con mantequilla, ajo y epazote, el resultado es un bocado cremoso que recuerda al requesón y deja un regusto a nuez tostada.

5 Hákarl (Islandia)

El hákarl es carne de tiburón de Groenlandia fermentada. Como este pescado fresco es tóxico para los humanos por sus altos niveles de urea, los vikingos recurrieron al ingenio para poder comerlo. Enterraban la carne bajo piedras durante meses hasta drenar los fluidos y luego la dejaban secar al viento.

El sabor del hákarl es muy intenso. Algunos lo comparan con un queso muy curado mezclado con productos de limpieza, mientras que para otros es como un puñetazo de amoniaco directamente. Los islandeses lo consumen cortado en dados, y lo acompañan con un trago de Brennivín (un aguardiente local).

6 Huevos centenarios (China)

Terminamos nuestro banquete extremo con una exquisitez asiática. El huevo centenario (también conocido como pidán) se prepara enterrando huevos de pato, gallina o codorniz en una mezcla de arcilla con ceniza, sal, cal viva y cáscaras de arroz. Durante este proceso, que dura semanas, la yema adquiere un tono verde grisáceo y la clara se torna de color ámbar.

Se suele servir como aperitivo en celebraciones importantes, cortado en gajos y acompañado de raíz de jengibre encurtida. Si te animas a probarlo, aquí va nuestro consejo: ¡cierra los ojos en el primer bocado para concentrarte en su sabor único!

Hasta aquí la recopilación de platos únicos y diferentes. Salir de tu zona de confort gastronómica te convierte en un viajero mucho más rico, tolerante y empático. ¿Te atreves a saborear el mundo en toda su rareza?

Resumen
¿Te atreves a probarlos? Descubre 6 de los platos más extraños del planeta
Título
¿Te atreves a probarlos? Descubre 6 de los platos más extraños del planeta
Descripción
Sentarte a la mesa es una de las mejores formas de tomarle la temperatura a la esencia local. Todos conocemos las apuestas seguras (pizza italiana, sushi japonés, tacos mexicanos), pero el mundo culinario está repleto de desafíos para el paladar occidental.
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