La Red de Villas Romanas de Hispania se constituyó en enero de este año en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) en Madrid. Varios responsables de ayuntamientos, comunidades autónomas y diputaciones se reunieron para crear esta red cuyo objetivo es convertir los recursos patrimoniales de las villas romanas en un producto homogéneo de calidad y […]
La Red de Villas Romanas de Hispania se constituyó en enero de este año en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) en Madrid. Varios responsables de ayuntamientos, comunidades autónomas y diputaciones se reunieron para crear esta red cuyo objetivo es convertir los recursos patrimoniales de las villas romanas en un producto homogéneo de calidad y sostenible, además de la cooperación para la investigación, conservación y divulgación del legado histórico y cultural.
Las villas romanas eran lujosas residencias rurales, modelos de asentamiento y ocupación de zonas rurales que han dejado un destacado patrimonio arqueológico. Una de ellas es la de Arellano, ubicada a 6,5 kilómetros de Estella-Lizarra, en la Zona Media de Navarra, también es conocida como la Villa Romana de las Musas por su pavimento polícromo de teselas adornado con musas acompañadas de maestros, que actualmente está expuesto en el Museo Arqueológico Nacional. Ahora ocupa su lugar una réplica del original adaptada a la planta octogonal.
Esta villa descubre los secretos de una lujosa residencia de campo construida entre los siglos I y V d. C. y desde la que sus habitantes podían realizar labores agrícolas. Las Musas guarda una estrecha relación con el mundo del vino, de manifiesto en las diferentes estancias: el Torcularium o sala de prensas; el Laci o lagares, donde se almacenaba temporalmente el mosto; el Fumarium, espacio en el que se envejecía el vino de forma artificial a partir de calor y humo; y la Bodega o cella vinaria, destinada a la conservación del vino en grandes tinajas.
Villas de Andelos y Liédena
En Navarra también se encuentran otros restos romanos como la villa de Andelos o la de Liédena. Andelos se ubica también en la Zona Media de la Comunidad Foral, en el término municipal de Mendigorría, cerca de Puente de la Reina y fue la villa más importante del imperio que contaba con un desarrollado sistema de abastecimiento de aguas.
El acceso al yacimiento de los siglos IV-III a.C. se realiza a través del Museo Arqueológico de Andelos. Se visita el cardo o calle porticada para contemplar las bases de los arcos del acueducto que llevaba el agua desde la presa —de 20.000 metros cúbicos de capacidad y 150 metros de longitud— hasta la ciudad, tras recorrer 3,5 kilómetros. También merece la pena un paseo por la calle principal que acogía la zona residencial y los baños donde se situaban la lavandería-tintorería, la casa del patio porticado con pozo (peristilo), la Casa de Bacus y la fuente. Cabe destacar que el único elemento que se conserva actualmente es la ermita de Nuestra Señora de Andión.
La villa romana de Liédena, por su parte, se encuentra muy cerca de la foz de Lumbier. Restos arqueológicos atestiguan que hubo en el lugar una magna villa rural romana de Liédena (siglos II-IV). Contó con más de cincuenta dependencias entre las que se incluían un trujal, un lagar, termas, la vivienda señorial y la de los sirvientes. Y todo esto en torno a un patio central. Hoy día los restos de aquella pujanza (mosaicos y diversos hallazgos) se conservan en el museo de Navarra.
La villa romana de Liédena estuvo formada por un peristilo o patio central en torno al cual se organizaban las habitaciones y dependencias. Como elementos propios de una villa agraria contaba con un estanque, trujal, lagar y termas. Fue un verdadero ejemplo de autoabastecimiento: cultivaban cereales, vid, olivo, hacían su pan, su vino y su aceite, tenían su propio ganado… Las habitaciones estuvieron pavimentadas con mosaicos geométricos como muestran los numerosos hallazgos conservados hoy en el Museo de Navarra en Pamplona.
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