A escala mundial, durante la temporada 2022-2023 se alcanzó un consumo de azúcar de unos 176 millones de toneladas métricas, lo que supone un incremento de 2,4 millones con respecto a la cantidad ingerida durante el periodo equivalente anterior.
Sin embargo, el consumo de azúcar en España no ha parado de descender desde 2013 —con la excepción de 2020, el año de la pandemia—, cuando se consumieron 199 millones de kilos, hasta 2021, que el consumo fue de poco más de 145 millones de kilogramos, una cifra similar a la de 2019.
En cuanto a los motivos para este descenso, influyen varios factores: «Por un lado existe más conciencia poblacional sobre lo perjudicial del azúcar añadido gracias a las políticas nutricionales y las campañas de prevención y divulgación de profesionales que se han hecho. También ha habido una reducción del azúcar en productos procesados para adecuarse a los scores alimentarios y se ha producido una sustitución del azúcar por edulcorantes», explica la profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Diana A. Díaz Rizzolo quien, además, ofrece cinco claves que pueden ayudar en este sentido.
Claves para mantener a raya el azúcar
Disminuir el umbral del dulzor que tiene cada persona. Podemos empezar reduciendo progresivamente el azúcar o ayudándonos del uso de edulcorantes acalóricos como proceso intermedio para acabar acostumbrándonos al sabor natural de los alimentos.
Dedicar más tiempo a leer las etiquetas de alimentos. Hay numerosos alimentos a los que se les añade azúcar y el consumidor no lo sabe —salsas, aderezos, panes, embutidos, cereales de desayuno, yogures…— y para detectarlos es clave leer las etiquetas. Inicialmente, supondrá mucho tiempo, pero una vez tengamos claro qué alimentos sí y cuáles no, ya iremos a tiro hecho.
Priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados. Cuantos menos alimentos ultraprocesados entren en nuestra dieta más difícil será no equivocarnos con nombres de etiquetajes imposibles de descifrar.
Predicar con el ejemplo en casa desde pequeños. Muchas conductas alimentarias son por repetición y los más pequeños incluirán hábitos que nosotros les inculquemos con nuestros actos.
Ser conscientes de que las respuestas cerebrales placenteras al azúcar son momentáneas, de modo que su consumo no nos hace más felices, sino que activa vías de señalización semejantes a algunas drogas recreativas, por lo que podemos decir que nos hace adictos.


