La localidad campurriana de Reinosa (Cantabria), ultima los detalles para una nueva edición, este domingo 20 de enero, del tradicional Concurso de Ollas Ferroviarias, uno de los actos más populares de las fiestas en honor a su patrón, San Sebastián, y un evento en el que tanto vecinos como visitantes degustan una serie de guisos […]
La localidad campurriana de Reinosa (Cantabria), ultima los detalles para una nueva edición, este domingo 20 de enero, del tradicional Concurso de Ollas Ferroviarias, uno de los actos más populares de las fiestas en honor a su patrón, San Sebastián, y un evento en el que tanto vecinos como visitantes degustan una serie de guisos a base de patatas y carne.
Además, los asistentes podrán contemplar el ‘milagro de San Sebastián’, una tradición secular por la que todos los años se convierte el agua de la fuente de la Plaza de España en vino — por uno de los caños vino blanco y por el otro tinto — una tradición que se remonta a finales del siglo XVIII, cuando para festejar la finalización de las obras de restauración de la Iglesia, el entonces párroco invitó a vino a toda la ciudad en agradecimiento por las donaciones realizadas.
Ollas ferroviarias, una tradición con más de cien años
Las ollas ferroviarias son unos ‘artilugios’ compuestos por una carcasa exterior de metal, un puchero de porcelana o barro interior y carbón entre ambos, para cocinar a fuego muy lento guisos y estofados.
Esta manera de preparar cocidos, patatas con carne, etc., surgió en torno a la línea ferroviaria de la Robla, que unía León con Bilbao, a finales del siglo XIX, cuando los trabajadores del tren idearon estas ollas para cocinar en el propio ferrocarril aprovechando el carbón que se utilizaba en las máquinas. Para ello, colocaban las brasas del carbón en la carcasa de metal de la olla e introducían el puchero, en el que iban añadiendo los ingredientes del guiso, habitualmente patatas con carne.
De recurso obligado a propuesta gourmet
Estas ollas han llegado a nuestros días convertidas en artículos para gourmets. Abundan durante todo el año diferentes concursos de ollas ferroviarias a lo largo de toda Cantabria y en muchos hogares se usan en reuniones familiares o de amigos para, además de hacer un buen guiso de alubias, garbanzos o patatas, pasar una jornada de grupo diferente.
En la región existen múltiples artesanos que siguen elaborando estas ollas y algunas de ellas son casi objetos de coleccionistas. Las hay desde las más sencillas, casi caseras, a otras con elementos de latón, en acero fundido, de acero inoxidable… En cualquier caso, posiblemente muy diferentes a las primitivas que se utilizaban en los trenes mineros de la línea de La Robla.
Aunque en toda Cantabria se ha extendido la utilización de estas ollas, la zona de Campoo sigue siendo donde más arraigadas están y donde más abundan los artesanos, y es que la línea de La Robla transitaba por estas tierras del sur de Cantabria.
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