Con las ensaladas hay que andarse con mucho ojo si uno quiere lucirse un poco, porque al igual que con el fútbol, donde todo el mundo es seleccionador nacional, con las ensaladas el más torpe logra hacer algo aparente, generalmente a base de mezclar los ingredientes más inverosímiles, pero cuyo resultado defiende descaradamente como una […]
Con las ensaladas hay que andarse con mucho ojo si uno quiere lucirse un poco, porque al igual que con el fútbol, donde todo el mundo es seleccionador nacional, con las ensaladas el más torpe logra hacer algo aparente, generalmente a base de mezclar los ingredientes más inverosímiles, pero cuyo resultado defiende descaradamente como una extraordinaria muestra de las nuevas tendencias en ‘cocina de fusión’.
Así que si queremos quedar bien, habrá que darle un toque especial, algo que nos distinga. Por lo menos en la forma, ya que los ingredientes están a disposición de cualquiera.
Vamos a por ello: necesitaremos un par de cogollos, tipo de Tudela, una lechuga de las de rizo, una bolsita de rúcula y una lombarda, esa ‘extraña’ verdura morada que desafortunadamente, porque es realmente deliciosa, solo se toma en navidades.
Buscamos la fuente o plato más grande que tengamos en casa. Vamos colocando una base de hojas sueltas de cogollo, hasta completar el plato, dejando libre un círculo interior de unos 10 cms.
Encima, colocamos una segunda base con la lechuga de rizo, mezclada con la rúcula. Esta segunda capa debe quedar algo más pequeña que la anterior, para dejar ver parte de los cogollos (el diseño es el diseño, amigo). Seguimos dejando el círculo interior libre.
Cortamos la lombarda en tiras largas y finas y esparcimos unas cuantas tiras por encima de las lechugas.
Y por fin, en ese centro de palto que hemos dejado libre, ponemos los ingredientes que más nos apetezca, de modo que cada comensal pueda ir mezclando a su gusto. Como sugerencia, pueden ser, además del tomate y el atún clásicos, algún producto más original como palmitos, gulas, ventresca, queso rallado…eso sí, que ‘mariden’ bien entre ellos, para no ser víctimas del comentario inicial de este artículo.

