Con la llegada del calor, mantenerse bien hidratado en todo momento no es una cuestión solo de bienestar, sino también de salud.
Pero el hipotálamo y el centro de recompensa del cerebro procesan de forma similar el impulso de comer y el de beber, lo que puede llevar a decisiones erróneas si no aprendemos a interpretar las señales, según explican los expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
“Una deshidratación leve puede hacernos creer que tenemos hambre, cuando en realidad lo que nuestro cuerpo necesita es agua. El cuerpo puede interpretar de forma similar la necesidad de comer y la necesidad de beber», explica Mireia Obón-Santacana, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud en la universidad barcelonesa.
Señales para detectar la deshidratación
Por ello, antes de que el cuerpo nos engañe es importante detectar algunas señales de deshidratación:
- La primera señal es la más evidente: la sed. Pero la experta de la UOC advierte que, especialmente en personas mayores, esta sensación aparece cuando ya existe un cierto grado de deshidratación: «La sensación de boca seca, sudar menos y orinar con menos frecuencia y con un color más oscuro del habitual son indicadores clave. La orina debería ser de un tono claro o transparente; cuando no lo es, puede ser una señal de alerta”.
- Otros síntomas son el estreñimiento, la fatiga, la falta de concentración y el dolor de cabeza, como indican estudios científicos. Además, en personas con la tensión baja, la falta de agua puede aumentar la sensación de inestabilidad al levantarse. En el caso de las personas que practican deporte, los calambres pueden estar relacionados con la pérdida de agua y minerales.
En cualquiera de los casos, el agua sigue siendo la opción más directa y eficaz para hidratarse. De hecho, las directrices dietéticas de la Comisión Europea recomiendan consumir entre 1,5 y 2,5 litros de agua al día en países del Mediterráneo. No obstante, hay situaciones —personas mayores, embarazadas, en período de lactancia, con sudoración excesiva o con dificultades para percibir la sed— en las que conviene complementar el agua con bebidas que aporten minerales, proteínas o compuestos no nutritivos beneficiosos, como polifenoles o antocianinas.


