El apiturismo surgió hace años como respuesta a la curiosidad que las abejas, y su complejo mundo, despiertan en casi todos nosotros. Una increíble organización social, plasmada en las icónicas colmenas, que finalmente da lugar a un producto único como es la miel, el néctar que las abejas liban de las flores y que la humanidad ha sabido aprovechar como alimento desde tiempos inmemoriales.

“Las abejas son, probablemente, los insectos más evolucionados en términos de comportamiento, organizados en una de las sociedades animales más complejas que se conocen. Han llevado el concepto de vida en comunidad hasta el límite, hasta el punto de que sus cuerpos están adaptados a la función que tienen que realizar dentro de la colmena, dependiendo de la casta a la que pertenezcan”, explica Gonzalo Álvarez, ingeniero de Montes y socio de Montes de Valvení, una pequeña empresa en el entorno de Valoria la Buena (Valladolid), en la comarca del Cerrato, dedicada a la obtención de productos de sus propias colmenas y a la divulgación de la apicultura a través, entre otras actividades, del apiturismo.

Y es que, en el curioso y desconocido mundo de las abejas, lo primero que hay que saber es que la mayoría de ellas son estériles, ya que sólo la reina tiene la capacidad de reproducirse. Sin embargo, la reina sería inútil recogiendo polen y néctar, ya que no está adaptada para hacerlo, al contrario que las obreras. “Siempre decimos que la principal labor de las abejas no es la producción miel u otras sustancias que recolectamos de las colmenas —como polen, jalea real, cera…—, su principal labor es la polinizadora, transportando el polen de unas plantas a otras y fertilizando así las flores que producirán frutos. Se estima que cerca del treinta por ciento de los alimentos que consumimos dependen directamente de la polinización de las abejas. Y es importante recordar que esta polinización no depende sólo de la abeja de la miel, sólo en la Península Ibérica existen centenares de otras especies de abejas que también colaboran en este proceso y todas ellas colaboran para mantener la biodiversidad de nuestros ecosistemas”, comenta Gonzalo Álvarez.

Los productos de la colmena

La colmena

La colmena

De la colmena se pueden obtener hasta seis diferentes productos. Los más conocidos, quizás, son la miel y la cera; pero, además, se recogen el polen y la jalea real, dos estupendos complementos alimenticios; el propóleo, que se usa para cuidado de la garganta y de la piel; y, finalmente, el veneno, que cada vez más se utiliza en farmacia, cosmética y apiterapia.

Montes de Valvení lo explican con todo detalle: “La miel es el producto más conocido de la apicultura, procede del néctar de las flores que las abejas liban para obtener hidratos de carbono, y sus cualidades organolépticas dependen, en gran medida, de las flores de las que procede. En El Cerrato, las mieles florales son de colores ámbar tostado y muy aromáticas. Proceden mayoritariamente de plantas como romeros, espliegos, tomillos y salvias, adaptadas a terrenos y climas duros. Las abejas recolectan el polen como fuente de proteínas para la colmena. Es un alimento muy completo, al contener todos los aminoácidos en mayor o menor medida y resulta un complemento alimenticio extraordinario. Las abejas lo recolectan apelmazándolo en pequeñas bolitas que transportan en unas cestillas especiales de sus patas traseras”.

El propóleo —continúa explicando Gonzalo Álvarez— procede de las resinas de diversas especies de plantas. Las abejas lo recogen y utilizan para sellar y desinfectar la colmena. Esta mezcla de resinas resulta extremadamente pegajosa y se endurece con el tiempo, por lo que las abejas lo utilizan como si fuera un ‘cemento’ con el que dar consistencia y aislar la colmena. Además, es un potente fungicida, lo que resulta muy útil para mantener a raya los hongos y mohos dentro de la colmena. El propóleo se recolecta y utiliza en forma de tinturas o ungüentos y resulta muy eficaz en el cuidado de la garganta y de la piel. La cera es producida directamente por las abejas, no es recolectada en el campo. Dentro de la colmena hay dos fuentes de cera: los panales de cera viejos, que cada varios años conviene fundir para renovarlos, y la cera procedente del opérculo de la miel. Mientras que la procedente de panales se reutiliza en láminas de cera que las abejas pueden utilizar otra vez para hacer panales —o bien se funde para hacer velas de cera natural—, la cera procedente del opérculo de la miel es cera virgen y se demanda mucho en la industria cosmética. La jalea real y el veneno son productos mucho más específicos y generalmente son obtenidos sólo por apicultores especializados en ellos. La jalea real es producida por unas glándulas de las abejas obreras para alimentar a sus propias larvas y es un buen complemento alimenticio para nosotros. El veneno, cuya demanda está aumentando en los últimos años, se utiliza en farmacia, cosmética y apiterapia, ya que tiene buenos efectos sobre dolores articulares”.

La miel, de la colmena a la mesa

Tipos de miel Montes de Valvení

Tipos de miel Montes de Valvení

La miel es, en resumen, el néctar maduro de las flores. En el acuerdo no escrito entre flores y abejas, éstas transportan polen de unas a otras, provocando su fecundación, y aquéllas premian este trabajo ofreciendo pequeñas cantidades de néctar, su fuente de alimento. El néctar es llevado a la colmena en el buche de las abejas y, una vez en su interior, es traspasado de unas abejas a otras hasta su almacenamiento en las celdillas de los panales. Durante este proceso, las abejas han aportado enzimas que confieren algunas de las propiedades beneficiosas que presentará la miel. El néctar, que tiene una gran cantidad de agua, puede fermentar con facilidad debido a los azúcares que contiene, por lo que debe madurar en el interior de la colmena perdiendo la humedad que le sobra. Cuando ha alcanzado la humedad adecuada, la fermentación ya no es posible, debido a que se trata de una sustancia saturada de azúcares. En este momento ya es miel.

Las abejas proceden entonces a sellar con cera las celdillas de los panales, ya que la cera es impermeable y evita que la miel absorba humedad que la podría estropear. Es en este estado cuando los panales de miel se pueden cosechar. La extracción de miel consiste en primer lugar en retirar con una cuchilla el sello de miel (opérculo) que han colocado las abejas. La cera resultante de esta operación es la cera virgen, un producto muy apreciado por su pureza. Posteriormente los panales son centrifugados, ya que sin un sello que retenga la miel en el interior de las celdillas su extracción es así más sencilla. Una vez extraída la miel no hay más proceso que el de filtrarla y dejarla decantar algunos días para retirar los restos de cera que puedan quedar. Posteriormente se almacena en bidones y se envasa en tarros de vidrio a demanda.

Mieles de lavanda, flores del Cerrato y bosque

Montes de Valvení es una pequeña empresa elaboradora de miel que, desde sus inicios, siempre ha apostado por la proximidad con los consumidores, convencidos de que el conocimiento de un producto es la clave para valorarlo adecuadamente. “Nuestros colmenares ofrecen tres tipos de miel: lavanda, flores del Cerrato y bosque”, explica Gonzalo Álvarez, añadiendo que “la más característica es la miel de flores del Cerrato, la miel que las abejas recolectan en nuestro territorio desde el inicio de las floraciones hasta mediados de verano. Es una miel color ámbar, aromática, con toques de regaliz y frutos secos. Sus cualidades organolépticas vienen determinadas por el clima, suelo y flora de El Cerrato vallisoletano y palentino: plantas adaptadas a un clima continental seco y duro con periodos de floración muy cortos que dan lugar a néctares concentrados. La miel de bosque es la recolectada por las abejas en los encinares durante la mela, una exudación de savia a través de las bellotas de estos árboles durante la segunda mitad del verano. Es una miel oscura, color café, con aromas de cereal tostado. Por último, la miel de lavanda, es una miel monofloral obtenida en cultivos de lavanda de la provincia de Valladolid. Es una miel dorada de gusto fresco e intenso aroma a lavanda. Estamos orgullosos de decir ésta última ha sido seleccionada mejor miel de España y Portugal en 2015 y 2016 en el catálogo de mieles que elabora cada año Mieladictos, quedando las otras dos como las mejores dentro de su categoría”.

En cuanto a los beneficios nutricionales de la miel, hay dos razones fundamentales por las que consumimos miel: sus propiedades y su función edulcorante. Las propiedades más conocidas de la miel, como refuerzo del sistema inmunitario, prevención de infecciones o incluso cicatrizantes, dependen de su origen floral, de las enzimas aportadas por las abejas y de las pequeñas trazas de polen y propóleo que contiene. Es importante saber que son propiedades que se obtienen con el consumo habitual de miel cruda, ya que se degradan fácilmente si calentamos la miel en exceso. Pero, aun teniendo en cuenta estas beneficiosas propiedades, no hay que olvidar que la miel tiene un contenido muy alto de fructosa y glucosa, que son azúcares, y por lo tanto debe consumirse con cierta moderación. Como edulcorante es preferible al azúcar, que es fundamentalmente sacarosa, un azúcar difícilmente asimilable por el cuerpo ya que previamente debe desdoblarlo en fructosa y glucosa.

Una nueva propuesta de turismo rural

El apiturismo es una experiencia que surgió como respuesta a la curiosidad que las abejas y su mundo despiertan en la gente. En el caso de las actividades que ofrecen desde Montes de Valvení, la experiencia comienza en un mirador natural a unos 100 metros del colmenar, donde se dedican algunos minutos a interpretar la cultura, el paisaje y la flora propia de la zona, El Cerrato.

“Allí mismo nos vestimos los trajes de apicultor y recorremos caminando la distancia que nos separa del colmenar. Una vez en el colmenar, ubicado en un antiguo chozo de pastor, abrimos una de nuestras colmenas y explicamos lo que en ese momento está sucediendo en su interior. El visitante aprende qué tipos de abejas viven en ella y cómo se distinguen, curiosidades sobre su comportamiento o cuestiones básicas sobre su manejo”, comenta Gonzalo Álvarez, añadiendo que “durante los tres cuartos de hora que dura aproximadamente esta parte de la actividad la colmena permanece abierta, lo cual no representa ningún peligro para los visitantes, que están debidamente protegidos con el traje; de hecho, es frecuente que se animen a hacerse fotos sujetando algunos de los panales de miel. Tras observar la vida de la colmena, realizamos una cata de nuestras tres mieles mediante la cual enseñamos a los visitantes a distinguir los diferentes tipos de miel y percibir los matices que las caracterizan. Toda la actividad se desarrolla en un ambiente cercano y distendido, en el que el bombardeo constante de preguntas por parte de los asistentes siempre es bienvenido. La única condición es que los niños tengan al menos 5 años y no hay límite superior de edad al tratarse de un lugar de fácil acceso. El precio por persona es de 15€ (12€ para los niños, descuentos especiales para grupos de más de diez personas y tarifa familiar, dos adultos y dos niños, de 45€) y la actividad se ofrece cualquier día a convenir entre abril y septiembre (incluidos), eso sí, siempre condicionada a la climatología, ya que las colmenas son muy sensibles al frío y la lluvia”.

Los maridajes de la miel

El apiturismo es una actividad muy novedosa que surge de la demanda turística por actividades que reúnan factores culturales, naturales y gastronómicos. Una demanda que enriquece a todos, ya que al mismo tiempo que pone en valor productos con los que el medio rural no contaba hace unos años, ofrece un turismo de calidad al visitante, que muchas veces descubre a pocos kilómetros de casa un mundo completamente desconocido.

En el caso de la zona en la que tiene su sede y sus instalaciones Montes de Valvení, la Ruta del Vino Cigales, como no podía ser de otro modo, se ha previsto la posibilidad de combinar apiturismo con visitas a bodegas: “Trabajamos de forma coordinada con varios integrantes de la Ruta del Vino Cigales, tratando de facilitar la combinación de actividades a los visitantes. También en Valoria la Buena, y a pocos metros de nuestras instalaciones, se puede visitar la bodega Concejo, que cuenta, además, con hospedería y restaurante. Igualmente trabajamos con el Ayuntamiento y los restaurantes del municipio para ofrecer paquetes en los que se pueden visitar recursos como el Museo del Cántaro o el barrio de bodegas tradicionales Fuenteperal. Y en cuanto al maridaje, a nivel organoléptico y sensorial, entre vino y miel, hace algún tiempo probamos a combinar nuestras mieles con diferentes vinos en las degustaciones que ofrecíamos a los visitantes. El resultado fue sorprendente. Descubrimos que las cualidades características de nuestras tres mieles: la suavidad y frescura de la de lavanda, el aroma intenso y complejidad de la de flores del Cerrato y los aromas tostados y madera de la miel de bosque combinaban perfectamente con diferentes vinos, tanto rosados como tintos. Fruto de este descubrimiento surgió una actividad, ‘Sabor a Valoria’, que realizamos con Bodegas Concejo y Quesos Quevedo, combinando tanto miel y vino como queso, originarios de esta tierra”, concluye Gonzalo Álvarez.

Resumen
Título
Apiturismo, o cómo saborear el increíble mundo de las abejas y la miel
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El apiturismo surgió hace años como respuesta a la curiosidad que las abejas, y su complejo mundo, despiertan en casi todos nosotros. Una increíble organización social, plasmada en las icónicas colmenas.
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