La mayoría de nosotros tenemos el hábito diario de comenzar la jornada laboral con un estimulante —y a menudo poco satisfactorio— café matutino que ayuda a recargar pilas y planificar el nuevo día. Y, generalmente, el vaso de plástico termina en la basura y ahí queda la cosa. Excepto para el arquitecto con sede en […]
La mayoría de nosotros tenemos el hábito diario de comenzar la jornada laboral con un estimulante —y a menudo poco satisfactorio— café matutino que ayuda a recargar pilas y planificar el nuevo día. Y, generalmente, el vaso de plástico termina en la basura y ahí queda la cosa.
Excepto para el arquitecto con sede en Sidney (Australia) Paul Garbett que un buen día decidió convertir su adicción a la cafeína en algo creativo, reconvirtiendo sus vasos usados de café en pequeñas obras de arte con diferentes escenarios y personajes.
Un vaso fantasma, un muñeco de nieve, una tienda de indios, una pista de skateboard, un salchichón, un barrendero, un ‘vaso Cupido’, otros reproduciendo a Frankenstein o Batman, y hasta uno cubierto de noodles (fideos).
Además, Garbett ha ido recopilando estas intervenciones artísticas en un proyecto personal, Cuppaday, un blog en el que a diario publica sus novedades cafeteras.




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