El sector de alimentación y bebidas en Irlanda respiraba aliviado la pasada semana cuando vio que el impuesto sobre el azúcar con que había amenazado el Gobierno no se materializaba, al menos de momento, porque el sector sabe que la posibilidad de nuevos  impuestos sobre el azúcar y grasas no habrá desaparecido mientras se siga […]

El sector de alimentación y bebidas en Irlanda respiraba aliviado la pasada semana cuando vio que el impuesto sobre el azúcar con que había amenazado el Gobierno no se materializaba, al menos de momento, porque el sector sabe que la posibilidad de nuevos  impuestos sobre el azúcar y grasas no habrá desaparecido mientras se siga intensificando el enconado debate existente sobre la obesidad.

La tasa que sin embargo sí ha ido adelante es la de 1 euro —añadido a los actuales impuestos— por cada botella de vino, puesta en marcha a partir del pasado 5 de diciembre como parte de los presupuestos generales del Estado para 2013. En este sentido, el diario The Irish Times informaba la pasada semana de la preocupación por parte del IBEC (Irish Business and Employers Confederation) sobre la posibilidad de que muchas personas atraviesen la frontera para comprar alcohol y aprovechando la ocasión realicen el resto de sus compras fuera de Irlanda.

Por su parte, la Restaurant Association describe el aumento de los impuestos especiales como «salvaje» y asegura que podría afectar gravemente a sus establecimientos en un delicado momento en el que el gasto se encuentra “por los suelos”. El presidente de esta asociación, Brian Fallon, también expresaba su consternación por la negativa del Gobierno a su plan de formación de chefs. Debido a la escasez de cocineros, la Restaurant Association ha elaborado un plan especial para implementar un sistema de aprendizaje de cocina profesional para un total de 220 personas que llevan desempleados un largo plazo.

Todos en contra

Sobre este mismo tema, el ICEX español indica que la Federación Vitivinícola de Irlanda asegura que «el impuesto viene en una época terrible para la industria», constituyendo una medida “con potencial para destruir 5.000 empleos en un sector que emplea, en la actualidad, a 50.000 personas».

El incremento en el impuesto sobre el vino ha sido criticado por los propietarios de restaurantes -con su patronal a la cabeza- y pubs, asegurando que «dicha iniciativa pondría a la industria de rodillas, mientras no se hace nada frente a la venta de alcohol por debajo de coste en supermercados y tiendas de conveniencia».

Por su parte, la Asociación Nacional de Tiendas de Conveniencia ha descrito la medida como “una decisión decepcionante e irresponsable”.

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