Los champiñones y setas ofrecen una gran variedad de sabores, texturas y opciones a nivel culinario, con grandes ventajas nutricionales como su bajo contenido en grasas y calorías, o su aporte de a dietética y proteínas.
Una de las variedades más populares es la de la familia Agaricus —los más comunes y que se cultivan en abundancia por su sabor suave y terroso—, que abarcan subtipos como los champiñones blancos, los marrones, cremini, portobello… También existen otras variedades como las setas de ostra, en una gama de colores que se extiende desde el blanco hasta el gris o el rosa, las shiitake provenientes de Asia Oriental y que han ido ganando popularidad en todo el mundo por su característico sabor umami y su textura carnosa, o las carboneras, también conocidas como setas de cerdo o urretxas, que presentan un sombrero marrón oscuro y un suave sabor a frutos secos.
En cualquier caso, son una opción perfecta para quienes buscan una dieta equilibrada con una ingesta calórica controlada, que además son muy versátiles en la cocina y dan lugar a propuestas tan atractivas como esta Crostata salada de espinacas, queso y champiñones, en base a una receta ofrecida por el GEPC Promo, grupo europeo de promoción de cultivadores de champiñones y setas.
Crostata salada de espinacas, queso y champiñones
INGREDIENTES
Para unas 4 raciones
- 2 láminas de masa de hojaldre preparada
- 200 g de espinacas frescas
- 150 g de champiñones frescos o en lata laminados
- 1 cebolla mediana bien picada
- 2 dientes de ajo picados
- 100 g de queso cheddar rallado
- 50 g de queso parmesano rallado
- 1 huevo batido
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Sal y pimienta
- Tomillo fresco
ELABORACIÓN
En una sartén grande con aceite a fuego medio sofreímos la cebolla picada hasta que esté blanda y transparente (unos 5 minutos). Luego añadimos el ajo y los champiñones laminados y cocinamos hasta que los champiñones se ablanden y todo el líquido se haya evaporado (8-10 minutos).
Salpimientamos, añadimos las espinacas a la sartén y cocinamos hasta que las estén blandas (2-3 minutos). Retiramos la sartén del fuego y dejamos que se enfríe un poco.
Precalentamos el horno a 200 °C.
Extendemos una de las láminas de hojaldre y la colocamos sobre un molde de pastel de 25 cm, dejando que sobresalga un poco de masa por el borde. Repartimos la mezcla de espinaca y champiñones de manera uniforme sobre la masa dejando un borde de 5 cm. Espolvoreamos el cheddar y el parmesano rallados por encima.
Extendemos sobre la mesa de trabajo la otra lámina de hojaldre y con un cortador de pizza hacemos diez tiras de 2-3 cm de ancho, con las que cubrimos la superficie de la pieza que tenemos en el molde pasando una por encima de otra para crear un efecto entrelazado. Cortamos la masa sobrante presionando los bordes ligeramente para sellarlos bien y darles una forma ondulada.
Pintamos la parte superior y los lados visibles con huevo batido, metemos al horno y dejamos hacer a 200 ºC durante 25-30 minutos, o hasta que el hojaldre esté dorado y crujiente.
Sacamos la crostata del horno, dejamos que se enfríe ligeramente antes de cortarla añadiendo unas hojas de tomillo fresco y servimos en caliente.


