Era un bosque como otro cualquiera perdido en la montaña profunda del País Vasco, hasta que un buen día apareció el pintor y escultor Agustín Ibarrola (Vizcaya, 1930) y a partir de ese momento el color y las formas se apoderaron de los árboles a través de figuras humanas, visiones geométricas, animales sugeridos, toques sueltos… […]

Era un bosque como otro cualquiera perdido en la montaña profunda del País Vasco, hasta que un buen día apareció el pintor y escultor Agustín Ibarrola (Vizcaya, 1930) y a partir de ese momento el color y las formas se apoderaron de los árboles a través de figuras humanas, visiones geométricas, animales sugeridos, toques sueltos…

Desde entonces el Bosque de Oma pasó a ser objeto de discusiones variadas: ¿Se puede interferir en la naturaleza modificando su forma original? ¿Estamos hablando de una aportación artística o, por el contrario, de un destrozo organizado? ¿Es esto arte?

Son preguntas sin respuesta, a menos que se haya visitado el bosque y disfrutado de la magnífica obra de Ibarrola. Porque no se trata simplemente de unas cuantas pinceladas, pintadas o manchas realizadas sobre los árboles, sino de un espectáculo que hay que ver para valorar: figuras que se van formando a medida que uno avanza por los diferentes caminos, pero que en cada espacio particular del bosque no producen la más mínima interferencia con el entorno natural. Formas que se conjuntan a base de pequeñas intervenciones en distintos troncos como un pequeño toque de color pero que en su conjunto forman una imagen única. Perspectivas obtenidas a base de rasgos dibujados en diferentes hileras de árboles…

También para los más pequeños

Y sobre todo para los más pequeños. Es una manera natural de acercarles al arte y la naturaleza de una sola vez. Los niños disfrutan descubriendo ojos, labios, arcos iris, figuras humanas, líneas que parecen no querer decir nada pero que cuando las observan desde el punto preciso forman una enorme figura. Para ellos supone sin duda toda una aventura ir sacando poco a poco todo el arte y la magia que el bosque lleva escondidas en su interior.

Cómo llegar: en coche, por la carretera que une Gernika con Arteaga. Antes de llegar a Kortezubi, una desviación a la derecha indica con un letrero «Cuevas de Santimamiñe». Siguiendo la carretera, se accede al aparcamiento contiguo al caserío-restaurante Lezika. A partir de este punto, se sigue a pie por un camino bastante empinado durante unos 2-3 Km. Aproximadamente, hasta llegar al bosque.

Comer por la zona

Estamos en pleno País Vasco, de modo que en toda la zona la gastronomía es muy amplia y muy variada, elaborada con ingredientes muy diversos, tanto procedentes del mar (pescados y mariscos) como del interior (carnes, verduras, frutas).

Desde los mejores restaurantes -es la región de España que cuenta con más estrellas Michelín- donde poder apreciar las creaciones culinarias más vanguardistas, hasta cualquier bar de pueblo en el que disfrutar de los famosos pintxos colocados en la barra a disposición del cliente.Casi seguro que, decidamos lo que decidamos, quedaremos satisfechos.