La Asociación Española de Fabricantes y Distribuidores del Gran Consumo (Aecoc) ha lanzado una campaña titulada ‘La alimentación no tiene desperdicio, aprovéchala’, cuyo objetivo es tratar de frenar el desperdicio de alimentos para consumo humano. Una iniciativa pionera en Europa por la que un centenar de empresas y asociaciones relacionadas con el sector alimentario han […]

La Asociación Española de Fabricantes y Distribuidores del Gran Consumo (Aecoc) ha lanzado una campaña titulada ‘La alimentación no tiene desperdicio, aprovéchala’, cuyo objetivo es tratar de frenar el desperdicio de alimentos para consumo humano. Una iniciativa pionera en Europa por la que un centenar de empresas y asociaciones relacionadas con el sector alimentario han suscrito un acuerdo de colaboración para atajar este problema global.

Según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura), cada año se pierden o desperdician en el mundo 1.300 millones de toneladas de alimentos, una cifra que supone un tercio de lo que se produce. Un hecho que se registra tanto en los países industrializados como en vías de desarrollo.

Estas cifras tienen un triple impacto: económico, por cuanto repercuten en la cuenta de resultados de las empresas, en la economía doméstica y en las Administraciones públicas por el tratamiento de residuos; socio-humanitario, ya que en un escenario de crisis resulta inaceptable el desperdicio de bienes de primera necesidad; y finalmente medioambiental, pues para producir 89 millones de alimentos, que se calcula que se tiran en Europa al año, se generan entre 2 y 4 kilos de CO2 por kilo de alimento.

Decálogo de buenas prácticas

El proyecto liderado por Aecoc persigue, según su presidente, Francisco Javier Campo, dos objetivos: reducir los desperdicios que se producen en la cadena de fabricación y distribución de alimentos y conseguir que aquellos excedentes que de todas maneras se van a producir se canalicen a través de los bancos de alimentos, a los comedores sociales. A partir de ahora y gracias a este acuerdo, las empresas firmantes se comprometen a impulsar en sus organizaciones un decálogo de buenas prácticas.

Se trata de un esfuerzo que demanda la implicación por una parte de la Administración pública para concienciar a la sociedad y por otra de los bancos de alimentos para que se optimice la llegada al consumidor final. Y además afecta a toda la cadena productiva del sector, ya que un 39% de los desechos alimentarios corresponde a las empresas de producción; un 5% a la distribución; un 14% al canal Horeca y el 42% restante procede de los hogares.

En España, en el hogar se tiran anualmente 2,9 millones de toneladas de alimentos. Una realidad que contrasta con los 9 millones de personas que, según Cáritas España, viven en situación de pobreza.

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