Las semillas y plantas de vivero son estratégicas para la producción agroalimentaria y la clave para que los agricultores puedan adaptarse a los retos productivos del cambio climático.

Es una de las conclusiones a las que se ha llegado en la reunión de la mesa sectorial de material vegetal de reproducción, un foro estable de diálogo impulsado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para reforzar el papel de las semillas y plantas de vivero en la mejora de la competitividad y sostenibilidad del sector agrario.

Semillas y plantas de vivero

Una reunión celebrada ayer miércoles en la que han participado representantes del ministerio, las administraciones, organizaciones agrarias, cooperativas y del sector vegetal, de acuerdo todos en una conclusión general: las semillas y plantas de vivero son un insumo estratégico para la producción agroalimentaria y una herramienta clave para que los agricultores puedan adaptarse a los retos productivos del cambio climático, al incorporar variedades resistentes a plagas y enfermedades que permiten reducir el uso de fitosanitarios y avanzar hacia una agricultura más sostenible.

Además, en el actual contexto internacional de inseguridad, según explicaba la secretaria general de Recursos Agrarios y Seguridad Alimentaria, Ana Rodríguez, “la mejora vegetal contribuye a avanzar en la autonomía estratégica europea. Unos sistemas de producción y certificación eficaces garantizan a los agricultores semillas y plantas de vivero de calidad y con sanidad vegetal”, añadiendo que en un contexto de nueva normativa europea “el sector privado asumirá un papel más activo en los procesos productivos, mientras que la administración podrá centrar los controles en las fases de mayor riesgo, con el apoyo de las nuevas tecnologías que faciliten esta transición”.

En la reunión se resaltó también la importancia de aumentar el conocimiento y la visibilidad del sector del material vegetal de reproducción mediante la generación de estadísticas actualizadas que permitan conocer su impacto económico, social y medioambiental, unos datos que dotarán a la administración de mayor capacidad de reacción ante los efectos del cambio climático y la evolución del mercado internacional.

 

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