Un equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona ha desarrollado una ‘lengua’ electrónica que al parecer es capaz de identificar diferentes tipos de cava –de momento distingue solo entre Brut, Brut Nature y Semi Seco- utilizando un sistema a base de sensores y una serie de procesos matemáticos. Aunque esta ha sido siempre […]
Un equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona ha desarrollado una ‘lengua’ electrónica que al parecer es capaz de identificar diferentes tipos de cava –de momento distingue solo entre Brut, Brut Nature y Semi Seco- utilizando un sistema a base de sensores y una serie de procesos matemáticos.
Aunque esta ha sido siempre una función reservada a los exquisitos y expertos paladares de los sumilleres, los científicos responsables del descubrimiento esperan que con la ‘formación’ adecuada, la lengua sea pronto capaz de identificar todos los tipos de cava existentes en el mercado, e incluso cuantificar el porcentaje de azúcar que contiene cada uno de ellos, del mismo modo que podría hacerlo un profesional ‘humano’.
El cava, al igual que el champagne, varía en cuanto al dulzor en función de la cantidad de azúcar añadido en el proceso de producción, con siete clasificaciones que varían entre los límites de Brut Nature a dulce.
El grupo de investigación en Barcelona cree que la lengua electrónica realmente sería útil no en catas sensoriales donde difícilmente podría superar la capacidad humana, sino en ayudar a identificar problemas durante el proceso de producción, como herramienta al servicio del control de calidad, una etapa técnica en la que quizás podría reducir la necesidad de catadores en las bodegas elaboradoras del cava.
Los científicos han pretendido reproducir los auténticos sentidos humanos, desarrollando una serie de biosensores para obtener la información química y usando sistemas automatizados para interpretar aquellos datos, del mismo modo que lo hacen el sistema nervioso y el cerebro humanos.
Antecedentes recientes
Hace pocos años, científicos franceses ya lograron desarrollar una ‘nariz’ electrónica que era capaz de recopilar señales químicas para descubrir diferentes tipos de vino y su procedencia geográfica.
También investigadores del KTH Royal Institute of Technology de Suecia aseguraron el pasado año pasado que su versión de nariz electrónica podría ser usada en los propios viñedos para decidir el momento perfecto de cosechar las uvas con el máximo sabor, o para descubrir cuando una botella abierta de vino se ha estropeado.
Ventaja para el sumiller
A pesar de todo, no parece que la labor de los sumilleres en los restaurantes de lujo se encuentre en peligro, ya que sus habilidades incluyen otro tipo de exquisiteces, como el exacto conocimiento de regiones geográficas de producción, el propio servicio del vino y hasta la cristalería más adecuada para cada caso.
Por no hablar de la capacidad humana de identificar alrededor de 10,000 aromas y olores, de distinguir matices como la acidez y la amargura, no solo el dulzor, o sencillamente de poder dar una charla atractiva y coherente sobre un vino, algo que –al menos de momento- deja en clara desventaja a la nueva ‘lengua’ electrónica.

