El sabor puro del Mediterráneo: viña, trigo y olivos. La esencia de la gastronomía mediterránea también brilla en Cataluña. Descubrir la diversidad de aceites de oliva, el origen de sus cinco denominaciones de origen, las diferentes variedades que crecen en esta tierra y las actividades de oleoturismo propuestas por molinos y productores, es una forma excelente de conocer el corazón del país, su gente, el vínculo que los une con la tierra y, al mismo tiempo, disfrutar de una cocina sublime que nos transporta al amanecer de los tiempos.

Y es que Cataluña es un país de aceite en el que los olivos se extienden por el relieve de las comarcas y, escoltados por bosques, viñas y almendros, se levantan como antiguas esculturas. Sus raíces se hunden en la historia del Mediterráneo y su cultivo endulza el paisaje de una tierra sedienta con aljibes, bancales, bordes de piedra seca y cabañas de bóveda.

El aceite de oliva en la cocina catalana

Alrededor del olivo los catalanes han levantado un patrimonio cultural, económico, social y culinario que es parte inseparable de su identidad. El aceite de oliva juega un papel principal en la cocina catalana, donde está omnipresente, aromatizante y aderezador de platos tradicionales como el pan con tomate, el alioli, la costilla de cerdo confitada, el bacalao confitado o las orejitas, pero también sobresale en creaciones de vanguardia en las mejores mesas del país y de todo el mundo.

Por ello, practicar el oleoturismo en Cataluña es también aprender a probar el aceite, conocer sus variedades, dónde crecen y qué las diferencia, practicar sus diferentes usos culinarios, aprender recetas tradicionales y, al mismo tiempo, combinarlo con paseos por los entornos silvestres, contemplar las estrellas en medio del monte, recorrer en bicicleta el paisaje que los enmarca, admirar árboles con más de mil años de vida, descubrir la importancia del olivo y su simbolismo en el mundo clásico, entrar en castillos medievales rodeados de olivos, dormir en una cabaña de bóveda en medio de la nada y desayunar entre olivos, relajarse con una sesión de spa y oleoterapia o probar el aceite en todas sus formas dejándose sorprender por la expresividad del aceite en crudo y la voluptuosidad que ofrece en platos de alta cocina, descubrir la mano de los jóvenes cocineros y, sobre todo, disfrutar de una tierra y de una gente orgullosa de la vida construida alrededor del aceite y el olivo.

Experiencias de oleoturismo

Y con la llegada de los primeros fríos, ir a buscar el aceite nuevo, de primer chorro, intenso y afrutado, directamente al productor, un ritual familiar que marca el inicio de la temporada oleoturística. El estallido de la actividad en pueblos y villas, el ruido de las almazaras, la emoción de la primera cata, la fiesta y la alegría en las muchísimas ferias y mercados que se celebran en todo el país convierten el invierno en un momento ideal para explorar los confines de las cinco denominaciones de origen catalanas: Siurana, Garrigues, Terra Alta, Baix Ebre-Montsià y Empordà.

Un recorrido por el oeste y el sur de Cataluña, donde pervive el espíritu rural de los tiempos antiguos, con variedades de aceituna como la arbequina, la argudell, la farga o la morruda. Y con la becaruda, la vera o la corbella, un pasado que vuelve gracias a la tenacidad de unos productores visionarios. De la alta montaña, a los olivares encarados al mar; de la dureza del Baix Ebre y la Terra Alta, a la frondosidad de Les Garrigues y la belleza de l’Urgell; de los bancales recuperados en el Montseny, a la épica del valle del Cardener; del reducto campesino del Vallès, a las laderas de Collserola, la cultura del aceite resurge impávida para mostrar otra cara de Cataluña. El país del aceite.

Testigos milenarios

Las raíces del aceite de oliva en Cataluña datan de un pasado inmemorial. Fenicios, griegos, sarracenos y romanos cultivaron el olivo en Cataluña, especialmente en los cauces del río Sénia. Y es aquí, en la parte más meridional del país, donde algunos de aquellos árboles todavía viven, convertidos hoy en esculturas monumentales.

Más de seis mil árboles milenarios, mayoritariamente de la variedad Farga que no solo se pueden visitar en el que es uno de los museos al aire libre más espectaculares de Cataluña, sino que también se puede probar su aceite. Porque gracias a la perseverancia de los agricultores y propietarios, que los han cuidado durante generaciones y generaciones, este rincón de Cataluña ha conservado el paisaje casi inalterable durante más de mil años.

Y si desea disponer de una mayor y más detallada información sobre las diferentes propuestas de Oleoturismo en Cataluña, puede consultar las diferentes alternativas en esta dirección.

Resumen
Oleoturismo en Cataluña, un recorrido milenario por la esencia del Mediterráneo
Título
Oleoturismo en Cataluña, un recorrido milenario por la esencia del Mediterráneo
Descripción
El sabor puro del Mediterráneo: viña, trigo y olivos. La esencia de la gastronomía mediterránea también brilla en Cataluña. Descubrir la diversidad de aceites de oliva, el origen de sus cinco denominaciones de origen, las diferentes variedades que crecen en esta tierra y las actividades de oleoturismo propuestas por molinos y productores...
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