Cada día vemos, compramos y consumimos un buen número de productos que forman parte ya de nuestro entorno personal, que nos resultan naturalmente familiares y cercanos. Sin embargo, no siempre conocemos el verdadero origen del producto o de su nombre, que en ocasiones se remonta a épocas muy lejanas. Como, por ejemplo, el de la marca Málaga para vinos.
Unos vinos que el pasado 2024 celebraron los cien años del momento en que la Asociación Gremial de Criadores y Exportadores de Vinos de Málaga inscribió la marca Málaga en la Oficina de Patentes y Marcas y de su publicación en el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial.
La marca Málaga para vinos
Según el Consejo Regulador de las denominaciones de origen Málaga, Sierras de Málaga y Pasas de Málaga, el cultivo de la vid y la elaboración de vinos están vinculados a Málaga desde hace seis mil años y han sido vertebradores culturales y socioeconómicos de los diferentes pueblos que se han establecido en el territorio de lo que hoy es esta provincia.
Las primeras referencias del vino en Málaga se remontan a la llegada de los fenicios a sus costas allá por el s. VIII antes de nuestra era, quienes no sólo introdujeron vinos procedentes del mediterráneo oriental sino que además cultivaron la vid en asociación con los grupos autóctonos elaborando vinos. Ya en la época romana, el vino de esta zona tenía una gran importancia, como lo demuestran las numerosas cecas con la representación de un racimo de uvas encontradas en las ruinas romanas de Acinipo, en Ronda.
Posteriormente, en las tierras malagueñas de al-Andalus se siguió cultivando la viña para producir vino y pasas. El vino llamado xarab al malaquí se siguió consumiendo, fue muy famoso y cantado por los más destacados poetas. Y ya en época cristiana, en 1502, a petición de los Viñeros o Señores de las Viñas de Málaga, los Reyes Católicos libraron una cédula real por la que hicieron valer las prerrogativas de aquellos, constituyendo las primeras ordenanzas del vino de Málaga. El 30 de Noviembre del mismo año, emiten otra Real Cédula por la que ratifica la anterior y dan licencia para dar a los vecinos de Málaga tierras y montes para plantarlos de viñas. Doña Juana de Castilla ratifica en 1513 los derechos de los Viñeros, así como Felipe III en 1608.
El inicio de la época actual
Por lo tanto, la vitivinicultura malagueña es heredera de una tradición que ha ido evolucionando desde entonces y hasta nuestros días, manteniendo sus señas de identidad pero sin renunciar a la innovación, lo que con el paso del tiempo ha hecho posible la elaboración de unos vinos diversos y únicos.
Pero no fue hasta el 5 de febrero de 1924 cuando la Asociación Gremial de Criadores y Exportadores de Vinos de Málaga inscribió la marca Málaga en la Oficina de Patentes y Marcas, que acabó publicándose finalmente el 16 de marzo de ese mismo año en el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial, lo que permitió la protección jurídica de los vinos de Málaga que, debido a su prestigio, era imitados recurrentemente.
La máxima protección jurídica llegó, no obstante, en el año 1932 con la creación de la Denominación de Origen Málaga, lo que la convierte en una de las denominaciones pioneras en Europa.


