En septiembre del pasado año Ramón Freixa anunciaba la despedida de su establecimiento en el Hotel Único de Madrid, con dos estrellas Michelin, y avanzaba la apertura de un nuevo restaurante homónimo, también en Madrid, su proyecto más personal.
Un meditado paso en solitario con el que Ramón Freixa decidía emprender “el proyecto más importante de mi vida. Me hace muy feliz anunciar esta nueva etapa que supone un sueño hecho realidad. Estoy viviendo mi mejor momento personal y profesional para afrontar este gran proyecto en solitario con el que reafirmarme, más si cabe, en mi apuesta por la tradición y la vanguardia”, comentaba el chef.
Ramón Freixa abre Tradición y Atelier
Y ahora, casi un año después, Ramón Freixa anuncia la apertura en Madrid de su proyecto más personal: Tradición y Atelier, dos restaurantes juntos y diferentes en la céntrica calle Velázquez 24, en pleno Barrio de Salamanca en un espacio de 600 metros cuadrados y doble altura, que ha sido concebido por la interiorista Alejandra Pombo. Dos propuestas diferenciadas y dos cocinas independientes, en un mismo local y bajo una misma esencia: la visión gastronómica del chef que se desdobla en cocina tradicional en Tradición y alta gastronomía de vanguardia en Atelier.
En Ramón Freixa Tradición, el chef regresa a sus raíces y su herencia culinaria con una propuesta gastronómica centrada en el buen producto y en una cocina cercana, de origen español, que nace de su historia personal, de los recuerdos de infancia y de los sabores de siempre. “El origen es el olor del pan en la panadería de mis abuelos. Es el mar, la huerta, la montaña. Es una albóndiga, una gilda, una salsa bien ligada. Es la memoria convertida en plato”- explica.
Y en Ramón Freixa Atelier, el chef apuesta por la alta gastronomía y la cocina de vanguardia, que definen su esencia, ofreciendo al cliente una experiencia más íntima, cercana y personal. De hecho, la sala tiene una capacidad para tan solo diez comensales, frente a una cocina vista, con una mesa en forma de ‘U’ que permite seguir cada gesto, cada explicación, cada emplatado. “Este concepto de sala era imprescindible para mí. Lo tenía muy claro desde el principio. Quiero que el comensal lo vea todo, que podamos interactuar con él, que sienta la cocina de cerca”, comenta el chef.


